EL CRIMEN DE LOS EXISTENCIALISTAS DEL JAMBOREE, BARCELONA 1962.

March 21, 2018

 

Como si de una novela negra se tratara, el 17 de noviembre de 1962 una historia turbulenta sacudía a la ciudad de Barcelona. Una pandilla de jóvenes que frecuentaba el ambiente nocturno de la Plaza Real se convirtió en la protagonista de las noches de jazz de la Ciudad Condal al convertir en un crimen sangriento lo que en principio iba a ser un robo con asalto a una tienda de lámparas. Una chapuza con mayúsculas que provocó la criminalización del jazz por parte del sector de la prensa más conservadora. 

 

El CRIMEN DE LOS EXISTENCIALISTA

Barcelona 1962

A principios de 1960 España vivía a la sombra de una dictadura eterna y en quiebra. La paleta de colores que dibujaba el horizonte político y cultural del país a penas combinaba 4 colores, entre los que destacaban el gris y el negro. Un horizonte lejano para quienes aspiraban a formar parte de un nuevo mundo moderno catapultado por las demandas de una juventud hambrienta de utopía. Aun así, en España, la música moderna había penetrado por los callejones de las ciudades, y concretamente en Barcelona la actividad del jazz tenía una profundidad de nivel internacional, una actividad que encontró su espacio en los entresijos de su Ciudat Vella y que adoptó como centro de operaciones la sala Jamboree.

 

En la Plaza Real y alrededores, un puñado de locales de jazz consiguieron congregar a los mejores músicos locales y extranjeros durante un periodo de tiempo donde la música moderna todavía era considerada el origen de todos los males, un estilo musical directamente ligado a un estilo de vida, el de la perdición. Entre esos locales destacaron la sala Jamboree, el Colón-jazz Cava, Kit Kat o el bar Texas.

 

Por entonces Tete Montoliu actuaba en Jamboree de forma habitual. La sala contaba con su propia banda de jazz y el ambiente musical era bueno. En nada tenía que envidiar al resto de países salvo en cuestiones políticas y libertades, limitaciones que en el fondo no influían a la hora de hacer buen jazz. 

 

También era notable la presencia de la Sexta Flota americana en la ciudad, que trajo consigo nuevos sonidos del otro lado del charco y músicos que formaban parte del circuito de jazz. Barcelona estaba invadida por marines que buscaban a la desesperada saciar su larga peregrinación en la mar y, también algunos de ellos, tocar y escuchar buena música moderna.

 

 Joan Roselló, primer propietario del Jamboree

 

El ambiente nocturno era lo más parecido a una parroquia heterodoxa donde fieles de todos los lugares acudían en busca de un poco de diversión. 

 

Pere Ferrer, por entonces pianista de todas la noches del Jamboree, recuerda así el ambiente del local: "Mucho humo. Y muchas peleas. Teníamos un conserje que era como un armario, y día sí, día no, tenía que ir a comisaría por algún altercado. No había noche que no hubieran hostias". La Vanguardia. 

 

Así era el ambiente que envolvía la vida nocturna de Barcelona a principios de los años sesenta, un ambiente que a duras penas conseguía de lejos seguir los pasos del existencialismo que Sartre cocinaba en Francia y que se traduciría años más tarde en la revolución de mayo del 68.

 

Plaza Real 1962. Foto de Xavier Miserach.

 

¿Pero qué tiene que ver el existencialismo en todo esto?

 

Nada y mucho, ya que el 17 de noviembre de 1962 el asesinato de un industrial de la calle Aragón suscitó como nunca la atención de la prensa y el público, un homicidio que muchos denominaron El Crimen de los Existencialistas. Ese mismo día el diario La Vanguardia publicaba la siguiente noticia en la sección de sucesos: 

 

"Hallado un hombre con la cabeza destrozada y heridas en todo el cuerpo".  

 

En el número 136 de la calle Aragón los agentes encontraron el cadáver  "tendido muy cerca de la puerta de entrada, en medio de un gran charco de sangre con la cabeza casi destrozada y heridas en diversas partes del cuerpo..,"

 

A los pocos días los sospechosos del asesinato eran detenidos e interrogados, haciéndose público el relato de los hechos. Comenzaba así el largo proceso que la prensa bautizó como El Crimen de la calle Aragón.

 

Los llamados por la prensa existencialistas resultaron no responder a tal filosofía. Más que intelectuales eran una pandilla de jóvenes descarrilados que frecuentaban el ambiente nocturno de la Plaza Real de Barcelona, y en concreto el Jamboree. Todos eran extranjeros salvo una mujer, Pilar Alfaro Alonso.

 

Pilar Alfaro Alonso alternaba el Jamboree, donde conoció a su pareja, un escritor extranjero llamado Stephen Johnston que trabajaba en la sala. La economía de la pareja no pasaba por su mejor momento, y Pilar, que había conocido anteriormente a un pequeño industrial, pensó que sería buena idea dar un golpe en la tienda de éste, ya que ella conocía el horario en el que el hombre recaudaba el dinero semanal de la caja fuerte.

 

El encargado de materializar el plan fue James B. Wagner, un desertor del ejército norteamericano con base en Alemania Occidental, participando cuatro personas más en el fatídico atraco.  

 

 

A los pocos días del crimen los principales sospechosos tomaban declaración y el misterio del homicidio del industrial de la calle Aragón se esclarecía.

 

Todo surgió de la cabeza de Pilar Alfaro, quien había mantenido una relación sentimental con el industrial. Ésta tuvo entonces la ocasión de conocer dónde guardaba el empresario el dinero y cuándo realizaba la recaudación semanal. Así que el plan consistía en aparecer por sorpresa en el local y llevarse el dinero de la caja fuerte, un trabajo relativamente sencillo que se complicó hasta el punto de convertirse en uno de los crímenes más sonados de las prensa nacional.

 

Jimmy Wagner conoció a Pilar y Stephen en Ibiza después de desertar del ejército. Viajaba con un salvoconducto y siempre necesitado de dinero. Fue así que le encargaron el asalto al local, pensando todos que de esa manera podrían saldar las cuentas de ese momento de crisis económica.

 

El robo fue un verdadero desastre, un desastre que terminó con la vida del industrial Sr. Rovirosa y con todo el comité de existencialistas condenados, incluyendo la afamada cantante Gloria Stewart, quien por entonces hacía las delicias del público del Jamboree.

 

La cantante de jazz fue absuelta finalmente del caso tras comprobarse que no mantenía ninguna relación con el crimen, pero supuso el fin de su carrera, ya que fue expulsada del país por no tener en regla los papeles de residencia.

 

 

Cómo ocurrió todo

 

La tarde del 17 de noviembre de 1962 Jimmy Wagner, acompañado de Jack Hand, acudió al establecimiento del industrial Francisco Rovirosa, situado en el número 136 de la calle Aragón. La idea de la vistita era robar el dinero de la caja fuerte del establecimiento. Entró Jimmy con una maza y a la voz de "Todo el dinero", las únicas palabras que sabía pronunciar en castellano, comenzó un forcejeo entre el atracador y el dueño del establecimiento, que opuso resistencia, y Jimmy sacó del bolsillo un cuchillo que el gerente de la tienda intentó arrebatarle. La disputa estaba en pleno apogeo y las heridas se daban a cada movimiento.

 

Así fue que el atracador, el cual iba pasado de pastillas de Centramina, consiguió hacerse con su víctima y cebarse con ella indiscriminadamente propinándole repetidas puñaladas, para luego, una vez en el suelo, golpearle sistemáticamente en la cabeza con una maza hasta acabar con su vida. Del botín no consiguió nada, tan solo arrebatar la cartera de su víctima, donde habían dos mil pesetas.

 

"En su huida tomó un taxi que le condujo a Ataranzas. Jack le esperaba en un bar contiguo, y al ver huir a su compañero de fechoría tomó otro taxi para alejarse de aquel lugar. Wagner se dirigió desde Ataranzas hasta la pensión donde residían Jack, Nancy y la cantante Gloria Stewart. A las que informó de lo que había ocurrido. Poco después llegó Jack, quien le acompañó a casa de un practicante que residía cerca de aquel lugar, el cual le curó la herida. De regreso a la pensión, Jack proporcionó a Wagner nuevas ropas, ya que las que llevaba estaban muy manchadas de sangre, y Nancy le tiñó el pelo de castaño oscuro para que no pudiese ser reconocido.

 

Las ropas de Wagner fueron entregadas a una tal Joan Bryden, amante de Jack, a la que encargaron se trasladase a Palma de Mallorca y arrojase en alta mar el paquete de las ropas y los zapatos, pero esta no pudo realizar lo que se le había encargado por no hallar una ocasión propicia. Las ropas las quemó en Palma, pero los zapatos le fueron ocupados al ser detenida por la policía en aquella isla. 

 

Mientras tanto, James B. Wagner permaneció dos días en Barcelona, escondido en la prisión con sus amigos, y luego el lunes por la noche marchó a Palma, donde fue detenido el domingo día 25." 

 

La Vanguardia, viernes 30 de noviembre de 1962

 

 

Salvo la cantante de Jazz Gloria Stewart todos fueron procesados y condenados a prisión. El caso tardó varios años en cerrar su archivo, un tiempo que corrió en contra de las salas de jazz de Barcelona, y en concreto de Jamboree, local a quien la prensa conservadora aprovechó para criminalizar.

 

El ambiente nocturno de la ciudad chocaba con los intereses del sector más conservador del régimen y las buenas costumbres, y los perfiles de los condenados por el crimen de la calle Aragón coincidían con los de aquellos nuevos jóvenes que tomaban drogas y se desenvolvían en los ambientes propicios al mal que generaban las salas de música moderna, y en concreto el jazz.

 

Lo cierto es que los mal llamados existencialistas en ningún sentido tenían algo que ver con la nueva corriente filosófica que se desarrollaba en Francia. Pero la prensa los bautizó así para criminalizar el jazz. Cogió la parte por el todo e hizo entender que este estilo de música había sido el responsable de el bárbaro homicidio.

 

Solidaridad Nacional publicaba lo siguiente: "He aquí un suceso, como una página de novela de la juventud perdida, que ha tenido por escenario la calle Aragón. Una página triste, sobre la que vuelan notas estridentes de jazz y sobre la que ha caído una tremenda mancha de sangre". Jazz en Barcelona. Jordi Pujol.*

 

"Barcelona, como todas las grandes ciudades europeas, disfrutan de grupos a los que pudiéramos llamar existencialistas, aunque muchos de ellos desconozcan a qué filosofía se trata. Son jóvenes sin objetivos, lectores de una literatura sin piedad ni ternura, asistentes a ciertos restaurantes y cavas donde las limonadas de Sartre se cambiaron por el vino tinto y las conversaciones de Faulkner las cortan el estridente ruido de un tocadiscos con una placa de jazz... A este universo pertenecía una bella mujer, Pilar Alfaro, uniformada según los módulos de esta generación perdida: Medias negras, jersey, amplia falda acampanada; bajo el brazo, un libro o una revista extranjera... Este vestuario y su afición a la lectura le daban un aspecto supuestamente intelectual."*

 

Así fue como pese a los continuos intentos y reiterados deseos de algunos el jazz continuó siendo la banda sonora de la vida nocturna de Barcelona, la banda sonora de una ciudad portuaria y mediterránea que congregó a la más amplia de las parroquias y que vivió día a día y a pie de pista el enraizamiento de la música moderna en las profundidades de la noche.

 

Rambla de Barcelona 1962. Foto de Xavier Miserach.

 

 

 

 

 

 

 

 

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