LA TANGUISTA QUE FRIÓ A TIROS A SU MALTRATADOR

December 20, 2017

La reputación del Barrio Chino barcelonés es de sobra conocida, lo mismo que el gran afluente de gentes que coronaron uno de los barrios más sórdidos y transgresores del primer tercio de siglo europeo. Un barrio obrero, moderno y de pecado, donde prostitutas y travestis lidiaron entre hampones y sindicalistas, burgueses y literatos. El mal vivir se estableció como una forma de vida, una filosofía que tenía como máxima la noche, donde el día no era más que un lapsus de tiempo entre crepúsculos. El vicio y el espectáculo atrajeron a turistas y curiosos, y congregaron a toda una horda de artistas que soñaban con un futuro entre bambalinas. 

 

Esta es una historia del antiguo Barrio Chino de Barcelona. La crónica del desenlace de una vida afligida por el amor y la mentira. El testimonio escrito de uno de esos periodistas aventureros que se adentró en el Distrito V para dar voz a lo más profundo de su corazón. Es la historia de la vida de María Martín Sacramento, la Atormentada. La historia de una artista de flamenco que emigró del sur y que tuvo que lidiar una batalla a muerte con el demonio. La historia de cientos de historias similares que nunca vieron la luz. Esto es, el relato de una reyerta entre una mujer y su maltratador.

MARÍA MARTÍN SACRAMENTO

LA TANGUISTA QUE FRIÓ A TIROS A SU MALTRATADOR

 

 

Mundo Gráfico, 23 de octubre de 1935

 

Cerca de la media noche del sábado 12 de octubre, las gentes que paseaban por el bullicioso Paralelo barcelonés se detuvieron, sorprendidas por la detonación de cinco disparos de revólver que sonaron en la próxima calle de Cabanes. Corrieron unos guardias, asomaron unos vecinos, se aglomeró el público hacia el lugar donde habían sonado los tiros, y a los ojos de todos apareció el cuadro, que en los primeros instantes presentaba los tintes violentos de un drama pasional. De pie, en la acera, una mujer bellísima, con una pistola todavía humeante en la mano derecha. Tendido junto a ella, en medio de un charco de sangre, la víctima, un hombre joven, muerto. Cerca del cadáver, un monedero de mujer y unas monedas desparramadas, que la sangre del muerto mojaba.

 

La matadora se entregó sin resistencia a los agentes de la autoridad. El juez de guardia ordenó el levantamiento del cadáver. Y junto a unos montones de serrín negruzco quedaron unos vecinos y curiosos comentando el suceso. 

 

¿Quién era la mujer que había disparado cinco tiros de revólver sobre un hombre, matándole? ¿Quién era la víctima de los celos o la venganza de aquella mujer? ¿Qué relación existían entre una y otro?

 

La voz de una jovencita sonó atiplada entre el coro de comentaristas: 

 

- Es María, la Atormentada.

 

La historia triste. Las falsas promesas

 

La protagonista del dramático suceso de la calle de Cabanes se llama María Martín Sacramento, y es tanguista en el cabartet La Buena Sombra. El muerto se llamaba Mariano Rodríguez, y estaba fichado como maleante. María Martín y Mariano Rodríguez eran amantes desde hacía cinco años.

 

María Martín Sacramento tiene una historia triste.  Sus veintidós años encierran toda una vida de sinsabores constantes. Su belleza espléndida fue para los hombres un atractivo irresistible, y su voz, una voz maravillosa que se enroscaba como una fantasía en las serpentinas del cante flamenco, un hechizo para cuantos la escuchaban. A los catorce años tuvo un primer amor, que ella creyó sincero, y resultó lleno de falsedades. Aquel amor la hizo la madre, y se vio precisada a huir de su familia, gentes honorables y acomodadas de Lepe, en la provincia de Huelva. Se marchó a la ciudad y fue a refugiarse en casa de una antigua sirvienta. Había que buscar trabajo; pero el trabajo no se encuentra fácilmente, y María Martín lloraba sus penas cantando con su voz maravillosa cerca del balcón de la vieja criada. Pasando por la calle, la oyó el dueño de una bodega donde se cultivaba el cante, y ofreció a María el primer contrato. Nada menos que cincuenta duros todos los meses por cantar unas coplas en la bodega. Aquello era la felicidad para ella y para su hijita.

 

Allí conoció a Mariano. Él no le dijo que había sido expulsado de Nueva York, ni de la Armada. Al contrario, él le dijo que estaba dispuesto a casarse con ella, a trabajar para ella y a dar su nombre a la niña que no tenía padre. María, con diecisiete años, le creyó.

 

Hacia Barcelona

 

- Tú debes buscarte trabajo en Barcelona- le dijo Mariano. Ahí me será más fácil encontrarlo. Toma el tren mañana. En cualquier cabaret te pagarán un sueldo desde el primer día. Cuando tengas reunido el suficiente dinero, tomas un piso y me envías para el viaje.

 

En los primeros meses de 1930, la pareja vivía en la calle de Vallhonrat de Barcelona, y con ellos, los padres de Mariano, que no cumplió ninguna de sus promesas. María se atrevió una vez a recordárselas. La respuesta de su amante fue: <<¡Déjate de tonterías! El día que dejes de traer dinero a casa, te mato!>>.

 

Poco tiempo pasó, cuando unos agentes de policía se presentaron en el domicilio de Mariano para detenerle por hallarse complicado en un robo. María descubrió entonces la índole de hombre a quien había unido su suerte. Su amante estaba fichado por la policía de toda España. Tantas veces había sido detenido, tantas quincenas había pasado en la cárcel, que había alcanzado una marca de record man. Mariano Rodríguez había sido preso noventa y dos veces. Tal era su ejecutoria.

 

María tuvo que trabajar para llevarle dinero a la cárcel y para mantener a sus suegros. El padre de Mariano, dado a la bebida, quedaba diariamente sin sentido en La Manuela, la tasca de enfrente. Y la muchacha era buena hasta cargar con él todas las noches, subirlo hasta la habitación, desnudarlo y acostarlo.

 

María, La Atormentada. Del Hospital a la cárcel

 

Cuando Mariano salía de la cárcel necesitaba siempre más y más dinero. Lo exigía por procedimientos expeditivos, que dejaban círculos morados en los ojos de María. Una vez su agresividad llegó a tanto, que la cara de la mujer quedó destrozada, sanguinolienta. Unas vecinas la llevaron al dispensario de la calle del Rosal, y con ella, a su hijita, que había sido azotada con una correa. Apoyada por las vecinas, María declaró quién la había herido. Se enteró Mariano y, amenazándola con una pistola, la conminó para que rectificase su declaración. Presa del pánico, atemorizada, María lo hizo.

 

Varia veces se presentó en el cabaret con unas gafas negras, para evitar los ojos amoratadaos. 

 

- Me daba lástima- Me ha dicho el dueño de La Buena Sombra.

- Nosotros la llamábamos la Atormentada- Me ha dicho una de sus compañeras-. Él la pegaba siempre. La aconsejamos que lo dejase, pero su respuesta era siempre la misma: <<Me matará si lo intento>>.

 

En una taberna del Barrio Chino se suscitó una reyerta. Los revoltosos, erosionados, fueron conducidos al dispensario de la calle Barbara. Uno de ellos era Mariano Rodríguez. En el dispensario había que dar los nombres. Mariano y uno de sus compañeros, aprovechando una distracción, corrieron y saltaron la tapia del establecimiento. Unos agentes corrieron tras ellos. Se escucharon unos disparos. El compañero de Mariano cayó muerto, y éste herido. Desde el hospital pasó a la cárcel.

 

María tuvo que renovar sus visitas a la prisión celular. Cada visita eran nuevos insultos, nuevas amenazas y nuevas exigencias. Dejó de visitarlo, pero no de darle dinero. Y por conducto de un amigo, el amante le envió recado: <<Ha dicho que cuando salga te matará...>>.

 

El día 12 de octubre Mariano salió da la cárcel. En el fogón del hornillo sabía María que su amante guardaba una pistola. La introdujo en el bolsillo del impermeable y se marchó a trabajar. Cuando llegó a la esquina de la calle de Cabanes con el Paralelo vio venir a su amante. La saludó con ese insulto que no pueden oír las mujeres, y añadió:

 

- ¡Vamos a casa!

- He de ir a trabajar; es tarde. Hablemos aquí.

Subieron nuevamente por la calle de Cabanes. Habló el amante:

- ¡Dame todo el dinero que lleves!

Ella fingió no oír. De un manotazo, el monedero fue arrebatado y cayó al suelo. La voz del hombre gritó:

- ¡Y ahora, te mato!

 

Su mano se introdujo en el bolsillo del pantalón. No llegó a sacarla. El revólver de María descargó sobre Mariano, que cayó sin vida, aferrando en el bolsillo una navaja abierta.

María Martín Sacramento, la Atormentada, está en la cárcel. Su hija cree que se ha marchado al pueblo, y llora. Ella también llora y pide a sus amigas que la traigan labores para hacer vestiditos. Todas las mujeres del barrio se han presentado ante el juez para testificar  los malos tratos de que era objeto la matadora. Sus compañeras de cabaret hacen colectas para que nada falte a la hija de María. 

Será juzgada por el Tribunal de Urgencia. Un Tribunal popular, un Jurado de hombres y mujeres. 

 

El caso conmocionó a toda Barcelona y salió en la prensa nacional, despertando una enorme solidaridad hacia la tanguista. Sus compañeras hicieron colectas para sufragar sus gastos (manutención mientras estaba en prisión, abogados...) e incluso se turnaron para ocuparse de la hija. El juicio, que se celebró rápidamente (apenas un mes después de los hechos) y ante un jurado que no tuvo dudas a la hora de emitir su veredicto de absolución. Maruja era libre, pero uno de los familiares del fallecido, con un extenso expediente policial, la amenazó con acabar con su vida en venganza. Tuvo que huir del país, algo que anunció a la prensa días más tarde, perdiéndose el rastro de la tanguista que mató al hombre que la explotaba.

 

Mundo Gráfico, 23 de OCT 1935

 

 

 

 

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