GITANOS CONTRA PRÍNCIPES NEGROS. LA GUERRA DE LA HEROÍNA EN BARCELONA

November 22, 2017

La postguerra había terminado y la democracia española daba señales de vida tras una interminable y dilatada dictadura que ya nadie quería. Una dictadura demasiado larga, demasiado gris y extremadamente perversa. La ilusión impulsaba el cambio, pero el retraso de tantos años de oscuridad era un derechazo de realidad directo a la mandíbula, y en el Raval, el barrio de quien tanto hablamos, algo había cambiado. Habían pasado cincuenta y cinco años desde que la Criolla abriese sus puertas, desde que Francisco Madrid lo bautizara con el nombre de Barrio Chino.

 

Nuevos tiempos, nuevas formas, nuevas personas. El hampa, la literatura, la prensa y los negocios no eran los mismos. Toda una estética enterrada. Nada quedaba de aquella imagen de época del Barrio Chino salvo la presencia continua de la prostitución. Ni Jean Genet ni las Carolinas, ni la Vampiresa del Raval ni Flor de Otoño. El presente fijaba nuevas normas. Había que destronar a los padres, y una nueva guerra comenzaba en los bajos fondos de Barcelona, una guerra que sobrepasaba las fronteras del antiguo Barrio Chino, una guerra por el control del nuevo negocio, la nueva droga, la heroína.

La jeringa caliente

La heroína llega a Barcelona

 

 

No ha conocido la ciudad de Barcelona periodo de mayor intensidad y drama que el que comprende los años de 1975 a 1992. Un periodo protagonizado por el paro y una crisis económica donde la recién llegada democracia a duras penas pudo enfrentarse a sus tremendas consecuencias sociales. Un periodo donde la droga, y en especial la heroína, se convirtieron en el motor de cambio en la calle, y donde "Barcelona sufrirá una situación parecida a la vivida en Nueva York a finales de la década de 1970: donde el caballo no encontrará freno". Paco Villar, 2017.*

 

Nuevos tiempos, nuevas drogas. La heroína llegaba tarde a España si se compara con otros países, pero llega por la puerta grande. Primero como una experiencia exclusiva para unos pocos ricos aventureros y poco más tarde como una nueva salida llena de horizontes que arrastra consigo al sector marginal. "Una nueva ola de adicción que para 1982 provocaba más del 60% de los atracos." *

 

Bandoleros Urbanos. Quinquis de los 80 

 

Había llegado la televisión a color. El Barrio Chino ya no era en blanco y negro, ni tampoco tenía aquel romántico entorno literario de principios de siglo. Jeringuillas, hepatitis, sobredosis, atracos. No era tan fácil conocer a la gente del barrio. Nuevas caras aparecían en escena, y en medio de una convulsión socialista, en el Raval las rejas y los barrotes en las ventanas de las casas se multiplicaban. Nada recordaba al pasado salvo la prostitución.

 

La heroína era la protagonista indiscutible de la calle, y su poder adictivo arrastró a sus siervos a la delincuencia. La nueva droga movía dinero. "Clanes mafiosos de quinquis, gitanos, árabes, paquistaníes, sudamericanos y, más tarde de traficantes de raza negra, se disputaban el negocio" *. Un nuevo mercado giraba a su al rededor. Y la batalla a muerte por hacerse por el control estalló.

 

Gitanos contra príncipes negros.

Una pelea sin precedentes en Barcelona

 

"La calle Sant Ramon tenía el aire de una feria internacional barriobajera. Allí se concentraban putas, travestidos, macarras, camellos, drogadictos y peristas en masa compacta; indecencia y hacinamiento formaban parte de la decoración habitual de la vía. En la mayoría de los bajos estaban instalados bares que vivían indirectamente de la prostitución y del comercio de estupefacientes. En este supermercado del vicio que era la calle Sant Ramon, la droga se expendía de la manera más descarada. Las putas vendían en plena calle papelinas de cocaína que guardaban en cajas de cerillas. Los africanos de raza negra, que hasta entonces trabajaban en la plantaciones del Maresme, competían con los gitanos por el negocio de la heroína en la zona: a media tarde salían los negros de sus escondites y ocupaban bares y esquinas; hablaban cuatro palabras de castellano, lo justo para entenderse con el cliente."*

 

"Senegaleses, ghaneses y nigerianos pertenecientes a la denominada banda de Los Príncipes Negros menudeaban en los bares emplazados en los primeros números de la calle Robador. Los negros llevaban la droga oculta en la boca, y la mayoría de las veces se la pasaban a los yonquis besándoles. De esta manera corrían menos riesgo, ya que si se acercaba la policía se la tragaban: luego bebeían un laxante y la expulsaba.* 

 

En 1988 el mercado de la heroía había rebasado las fronteras del barrio del Raval y prácticamente toda la periferia que comprendía el mercado de heroíana de la Ciudad Vella lo controlaban africanos de color.  "Los prícipes africanos o Dandies habían desvancado a los núcleos de quinquis, gitanos y árabes"*. Y La bomba explotó.

 

Como si de una venganza se tratara, la raza de bronce se agrupó en varias decenas de los suyos equipada hasta los dientes con todo tipo de armas para asaltar a los príncipes africanos. Navajas y cuchillos, palos, porras, tuberías y estacas pasearon por las calles de Barcelona el lunes 22 de febrero de 1988 en busca de hombres negros. Todos eran sospechosos. Cualquiera de ellos que se cuzara en el camino era cacheado, y si se le encontraba algún tipo de estupefaciente se le apalizaba sin compasión. "Las reyertas llegaron a ser simultáneas en la plaza Reial y en las calles Avinyó, Robador y Sant Ramon. En esta última es donde se produjeron los incidentes más graves."*

 

La violencia se defendía bajo el argumento de que cinco personas habían muerto de sobredosis, y de entre esas cinco dos pertenecían al clan gitano de los Hereida. Por lo que se conoce, un alijo considerable de droga de alta pureza había entrado en la zona franca y consecuentemente había sido distribuido por los príncipes africanos. Una estrategía que servía al antiguo clan para vengar la muerte de sus familiares a la vez que permitía recuperar espacio en la calle para la venta de droga.

 

Un día después, el 23 de febrero de 1988, el diario El País publicaba la siguiente noticia:

 

Cincuenta detenidos en Barcelona en una pelea entre gitanos y traficantes de droga

 

Un total de 50 personas fueron detenidas ayer en El Raval, uno de los barrios de Barcelona considerados como más inseguro, en el transcurso de unos incidentes entre personas de etnia gitana y traficantes de estupefacientes. Según la policía, el pasado fin de semana dos jóvenes gitanos murieron a consecuencia de una sobredosis de heroína. La venganza de sus familiares fue, según fuentes policiales, la causa de la reyerta, la primera de este tipo que se registra en Barcelona. Durante las peleas no hubo heridos graves.Los enfrentamientos, en los que participaron unas 200 personas, comenzaron sobre las 19.45. Varias decenas de gitanos, armados con palos, porras, tuberías, navajas, tijeras y estacas comenzaron a golpear indiscriminadamente a todas las personas de raza negra con que se cruzaban en las calles del barrio y a quienes suponían vendedores de estupefacientes.

 

Los incidentes se multiplicaron en pocos minutos y las peleas llegaron a ser simultáneas en varias calles del barrio. La policía y la Guardia Urbana reforzaron de inmediato sus dotaciones de la zona y sobre las 20.00 horas el barrio parecía estar ocupado policialmente.

 

Alrededor de las 20.30, los incidentes habían cesado y en aquel momento comenzó el recuento de detenidos, que fueron trasladados a la comisaría de Atarazanas.

 

Según fuentes oficiales, el total de detenidos anoche era de 50, en su mayoría negros y sospechosos de traficar con estupefacientes.

Algunos de ellos han sido acusados de comerciar con droga, pero la mayor parte deberá responder a las acusaciones de desorden público. Entre los detenidos había muy pocos gitanos.

 

 Cartel publicitario anti droga

 

 

Adicción

 

"A media tarde de cualquier día,

el barrio de los marginados entraba en erupción.

Los yonquis salían a buscar su dosis vital,

y los camellos a venderla.

Todos los heroinómanos

llevaban reflejada la muerte en sus rostros:

sólo era cuestión de tiempo."*

 

La adicción a la heroína era un vicio muy caro de costear, a no ser que fueras rico, y solo existían dos fórmulas para hacerlo, la delincuencia o la prostitución. La redundancia era tan adictiva que no veía fin, y "las yonquis se prostituían para conseguir el chute que les proporcionaba el mismo macarra que las explotaba"*

 

Película El Pico 

 

Las calles de Escudellers, Sant Oleguer, Sant Jeroni, Còdols, Rull, San Ramon, Robadors, Arc del teatre, Nou de Sant Francesc, Hospital o plaza Reial entre otras, eran lugares donde poder comprar heroína. La lista de calles era casi interminable, y en ella pisos, bares y fórmulas de venta se presentaban como una gran feria de muestras del negocio del trapicheo. 

 

"El 7 de noviembre de 1987 la policía municipal recibió una llamada telefónica anónima, según la cual en la calle Còdols esquina Rulls una mujer se dedicaba al tráfico de heroína, para lo cual se ayudaba de un niño de corta edad con un brazo de escayola. Cuando la policía patrullaba por las cercanías, mujer y niño se separaban. Una vez detenidos fueron conducidos a un dispensario municipal, donde el médico de guardia retiró la escayola al niño: se encontraron diez papelinas de heroína."*

 

La situación había llegado a tal extremo que la comunidad de vecinos optó por llegar a un acuerdo de paz con los vendedores siempre y cuando los vecinos pudieran vivir en paz. "Si lo hacen, les dejaremos vender la droga que quieran." El Periódico, 25 febrero 1988.

 

Pero nada podía parar la escalada de violencia y muertes que provocaba directa e indirectamente la guerra por el control del negocio de la heroína en la calle. Las muertes se multiplicaron y la violencia continuó. Sobredosis, atracos, robos, miedo y delincuencia se apoderaron de las calles de Barcelona durante un periodo en el que quinquis y bandoleros urbanos permutaron sus demandas con una sociedad que abría las puertas al capitalismo. La calle era peligrosa, y la jeringuilla ardía en cada esquina. 

 

España era por entonces el país de Europa occidental de mayor consumo de heroína. Y las reformas no tardaron en materializarse en forma de rehabilitaciones urbanísticas alrededor de la Ciutata Vella. En 1989 se derribaba La Isla Negra del Raval, símbolo del antiguo Barrio Chino, y su historia, tal como se había arraigado a través de la literatura llegaba a su fin. "En febrero de 1992 la piqueta volverá a actuar en el Raval, esta vez destruyendo una veintena de edificios de la calle Sant Oleguer. Continuaba así la política municipal para la regeneración de Citat Vella: la batalla sólo había empezado."*

 

 Calle meridiana, Barcelona 1982

 

 

 

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