LA SECUESTRADORA DE NIÑOS DEL RAVAL, LA VAMPIRA DE BARCELONA

October 31, 2017

 

 

Cuenta un rumor, una mentira, que existió en Barcelona una mujer sanguinaria que secuestraba niños para descuartizarlos y hacer con sus restos pócimas que curaban las más horribles enfermedades de los ricos. Se la conocía como La Vampira del Raval, una alcahueta bruja que cubría su cuerpo con un manto negro de pies a cabeza, de mirada posesa y manos teñidas de sangre. Una curandera que raptaba niños de la calle para entregarlos a burdeles donde saciar las inimaginables fantasías de la más perversa concurrencia que por entonces frecuentaba las noches de lupanar del barrio chino de Barcelona. Lo cuenta un rumor, un rumor que se hizo verdad y alimentó a través de la prensa el imaginario de una sociedad que reclamaba a gritos su propia asesina en serie. 

LA HISTORIA DE ENRIQUETA MARTÍ 

LA VAMPIRA DEL RAVAL

El día 27 de febrero de 1927 aparecía en el número 29 de la calle Ponent del Raval, hoy en día la concurrida Joaquín Costa, Teresita Guitart Congost, desaparecida oficialmente diecisiete días antes. Aparecía junto a otra niña, Angelita, a quien también se la liberaba así de su secuestradora Enriqueta Martí Ripoll. Habían atrapado a La Vampira del Raval, a la secuestradora de niños, la Hiena, la Mala Dona, la curandera que asesinaba criaturas para elaborar con ellas remedios a las enfermedades que vendía a las clases acomodadas. Comenzaba así una de las leyendas negras de mayor difusión conocidas hasta hoy en España, La leyenda de Enriqueta Martí, La Vampira de Barcelona.

 

Lo que nunca se pensó es que con los años esta historia de miedo fuese a dar un vuelco, convirtiendo a la sociedad en su principal personaje de terror; una sociedad de la barbarie repleta de prejuicios que no dudó en convertir a una mendiga en el símbolo criminal más sanguinario jamás conocido. 

 

"Se les ve cada día, madres solteras, fregonas,

tullidos mendigando en pórticos de iglesias,

pordioseros que a los tenduchos de andrajos vestirse van,

crispando sus acardenalados pies por las mordeduras

de las ventiscas;

 

Se les ve cada día. Jules Laforgue

 

Enriqueta Martí Ripoll, la construcción de un personaje


 

Como se advertía, el día 27 de febrero de 1927 se hacía pública la detención de Enriqueta Martí acusada del delito de secuestro de la menor de edad Teresita Guitart Congost. Comenzaba una carrera a contrareloj por solucionar un problema que amenazaba la ciudad de Barcelona desde hacía un tiempo, el secuestro y desaparición de niños. Y el hallazgo del piso de la calle Ponent parecía poner fin al caso, como si se hubiese encontrado definitivamente al culpable del delito.

 

"Una cosa es expresar y otra deformar la realidad hasta convertirla en fantasías que nunca acaecieron. Enriqueta Martí no era una santa, pero tampoco un demonio siniestro embebido de depravación. La vida es caprichosa y nos planta obstáculos que alteran nuestro comportamiento, guiándonos hacia rutas imprevisibles que muchas veces conflagran con las desgracias y su irrefable inerencia." 

 

Jordi Coromías, 1902 El caso de Enriqueta Martí.

 

 

Las pruebas apuntaban señalaban a Enriqueta como culpable, más cuando al poco tiempo del hallazgo de las niñas encontraron también en su casa la partida de defunción de otro niño, Benedicto Claramunt. Lo que sumaban dos secuestros y un posible asesinato. ¿Pero quién era ese niño?

 

Aparecían entonces en escena las cuñadas de Enriqueta, María y Francisca Pujadó. María, la mayor, resultó ser la madre del niño, Benedicto, el chico dado por muerto, quien sorprendentemente a su vez resultó no estar muerto, apareciendo de la mano de su madre por los juzgados para aclarar la situación. Este había vivido en casa de Enriqueta por solicitud de su madre debido a sobrecargas de trabajo que la impedían atenderle debidamente. El joven vivió con Enriqueta un tiempo hasta que su madre lo demandó, encontrándose con la negativa de la cuidadora, y teniendo que acudir a la ley, quien finalmente le concedió la custodia.

 

La otra niña encontrada en la casa de Enriqueta, Angeleta, también resultó ser hija de María, y también vivía allí por petición de su madre.

 

Por si no fuera suficiente se descubrió que a poco de que Benedicto se marchara de casa de Enriqueta para estar con su madre, Enriqueta había dado a luz a un varón que llamaron Alejandro, quien desgraciadamente moriría a los ocho meses de vida. A la muerte de este Enriqueta inscribió en el parte de defunción a Benedicto, teniendo como cómplice a su madre María. El motivo de este acto no era otro que evitar que de mayor el varón vivo tuviera que ir al frente a combatir. Un delito civil grave. 

 

Ante tal escándalo familiar se abrió un jucio paralelo a las cuñadas, un jucio que ponía en cuestión la culpabilidad de Enriqueta y confrontaba a una parte de la opinión pública que dudaba de su culpabilidad.

 

Pero el día 8 de marzo de ese mismo año ocurrió algo determinante para Enriqueta. Estando la casa precintada unos ladrones entraron a robar, y en una segunda ronda de inspección los agentes de la ley hallaron lo que se entendió como la prueba definitiva, una prueba que esa misma noche la prensa publicaba como un rumor.

 

"Al cerrarse esta edición llega a nosotros un rumor..." Cita que se refería al hallazgo de una caja que contenía huesos humanos, con los cuales al parecer, y según había declarado la misma Enriqueta ante el juez, eran restos de niños y grasas de cuerpos de criaturas que usaba para curar enfermedades.

 

"El rumor asegura a quien lo propaga una garantía de moralidad,

ya que enjuicia negativamente aquello que es objeto de su atención,

así el transmisor se siente autorizado por el mismo rumor que ayuda a expandir."

Elsa Plaza

 

El rumor derivó en una escalada de noticias donde la información no encajaba en ninguno de los casos, y donde lo único que coincidía era la culpabilidad de Enriqueta.

 

De la primera noticia salieron otras, donde resultaba que no habían sido ladrones quienes habían entrado a la casa. La caja de repente se convirtió en una bolsa que contenía ropa y huesos, de la misma manera que la grasa de niños se transformó en sangre. Sin precisión, sin contrarrestar y sin interés por el meticuloso control de los hechos se formulaba desde la prensa la sentencia moral a Enriqueta.

Enriqueta pasaba de secuestradora a asesina en cuestión de días, acusada de más de doce asesinatos de niños de los cuales no apareció un solo cadáver, y se convertía en la mujer más sanguinaria de todos los tiempos, en el Jack el destripador peninsular, en la noticia ideal.

 

La historia de Enriqueta Martí fue creciendo desproporcionadamente alimentada por la prensa y las demandas de un público que realmente quería escuchar hablar de los crímenes de La Vampira del Raval. Toda la prensa, conservadora o liberal, usó el caso para vender más periódicos, utilizando con el consentimiento de la opinión pública a Enriqueta Ripoll como única responsable de un problema social que venía de antes y que perduró en el tiempo, incluso con más intensidad, tras el final de la Guerra Civil, el secuestro de menores.

 

Fue por algún motivo, por alguna razón, que el fluir de esta historia encontrara el comodín perfecto en los sórdidos mundos del Raval, donde los feos, los raros, los indeseados hacían supurar la llaga de la Barcelona próspera; un comodín que sirvió para tapar aquello que las grandes ciudades no quieren que se vea.

 

*Sobre el Raval leer: El Barrio Chino, la llaga de Barcelona

 

"A pesar del tiempo constatamos que continúan las Enriquetas repitiendo su historia, u otras parecidas, sobre todo las de su miseria. Son Europeas, africanas, latinoamericanas, vecinas de esta, nuestra ciudad, que nos interrogan con su presencia aunque intentemos no verlas. Aunque la mirada se nos va detrás de ellas y nos estremecemos por un instante, para luego olvidarnos." 

 

Elsa Plaza. Desmontando el caso de La Vampira del Raval

 

 

 


 

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