ENRIC MADRIGUERA, CATALÁN UNIVERSAL

October 10, 2017

 

ENRIC MADRIGUERA

El Embajador musical de las Américas

Son pocos quienes a día de hoy recuerdan a Xavier Cugat, un verdadero desconocido si se tiene en cuento su carrera. Pero lo verdaderamente asombroso es la absoluta y prácticamente no existencia en el imaginario musical colectivo catalán y español de Enric Madriguera, un catalán universal que junto a Cugat encumbró las cimas más altas de Hollywood durante el primer tercio del siglo XX.

 

De 1920 a principios de 1940 seis de las bandas de música tropical más populares del mundo se encontraban en Estados Unidos. Las orquestas de Xavier Cugat, Enric Madriguera, Mario Banzé, Noro Morales, Tito Rodréguez y Tito Puente capitanearon una de las hordas musicales más fascinantes y determinantes para la música latina. Fueron los responsables directos de la popularización del mundo caribeño en el imaginario musical estadounidense, que contemplaba fascinado el exuberante universo de sus "queridos vecinos". Rumba, conga, tango, beguine, ritmos tropicales, trajes floreados y volantes de colores. Una oleada de aire fresco para un continente donde por entonces todo era posible, un continente donde un catalán desconocido en su patria se consagró como El Embajador musical de las Américas, Enric Madriguera.

 

 

 

ENRIC MADRIGUERA

 

Nació el día 17 de febrero de 1904 en Barcelona. Desde muy joven comenzó sus estudios de música y pronto se convirtió en un niño prodigio del violín. Estudió con Enric Granados, el pianista catalán del romanticismo que creó la escuela de piano en Cataluña, y colaboró con Pau Casals, uno de los músicos españoles más importantes del siglo XX.

 

 

Con menos de 30 años era el director de la Filarmónica de Cuba. Poco después trabajó como director musical para la subsidiaria de Columbia Records en Colombia, donde Madriguera se interesó por la música de baile, formando su primera banda para el Casino de La Habana. Tocó como solista con las Orquestas Sinfónicas de Boston y Chicago. Grabó con su grupo para la compañía de Columbia. Debutó en 1932 como violinista líder en los hoteles Commodore, Biltmore y Weylin en Nueva York. Intérprete y arqueólogo de obras en 78 rpm y compositor de éxitos universales llegó a condensar su repertorio en una obra casi exclusivamente latinoamericana para grabar contratos con RCA Records y Brunswick, así como para los habituales lanzamientos de Columbia.  

 

Sus piezas Adiós y The minute Samba, su obra de teatro musical The Moor and the Gypsy y su el balet Follies of Spain son quizá las obras más representativas y populares de Madriguera, quien a diferencia de Cugat, cuando vio que ya no tenía más que ofrecer se retiró silenciosamente.

 

 

Un catalán enamorado del Caribe

 

Enric Madriguera hizo carrera fuera de España. Había interpretado conciertos en Europa pero fue en EEUU donde encontró el éxito. A los catorce años emigró junto a su hermana Paquita y su madre a América, donde tuvo la oportunidad de conocer y disfrutar de un ambiente musical idílico y de músicos de primer orden. Es conocido el episodio en el que Enrico Caruso le regaló a Enric Madriguera un violín siendo éste un adolescente.

 

La carrera del Embajador Musical de las Américas cambió el día que el cantante Enrico Caruso les propuso a los hermanos Madriguera unirse a su orquesta para una gira por América. La experiencia hechizó al niño prodigio, quien al terminar el tour rogó a su madre poder quedarse a estudiar música en Nueva York coincidiendo con la llegada a la cuidad del profresor ruso Leopoldo Areu. La condición era quedarse en casa de unos amigos de la familia, de la cantante cubana Rosa Culmell, donde también vivía su hija Anaís Nin, de quien se enamoró

 

También tuvo la oportunidad de viajar a Cuba de la mano de Pau Casals, donde actuó junto a la Orquesta Sinfónica de la Habana. Experiencia que lo marcó profundamente enamorándose del Caribe, de la música latina y de los ritmos tropicales. Una experiencia corta pero determinante en la carrera de Enric Madriguera, que regresaba a Estados Unidos con nuevo repertorio de ritmos y estilos que terminaron por formar una de las primeras orquestas latinas de los años 20, Madriguera y Sus Notas Mágicas y Enric Madriguera´s Habana Casino. Para entonces era junto a Xavier Cugat parte del agente popularizador de la música latina en Norteamérica.

 

 

 

Al igual que Cugat, Enric Madriguera contaba con una escuela musical clásica exquisita, pero fue con los ritmos latinos y el universo de las bandas tropicales con quien verdaderamente condujo su carrera hasta las primeros puestos del ranking mundial. La llegada del siglo XX trajo consigo un cambio de mentalidad que demandaba nuevos registros musicales. Los años 20, 30 y principios de los 40 destacaron por el predominio de estilos musicales donde el baile era el protagonista. La música clásica quedaba cada más desplazada hacia un público muy selecto y minoritario. Enric Madriguera y Xavier Cougat se percataron de ello rápidamente, y unido a su pasión por la música caribeña no dudaron en subirse a un carro de heno que rebosaba abundancia Hollywoodiense. 

 

 

"Prefiero tocar Chiquita Banana y tener una piscina

 que tocar Bach y morirme de hambre", Xavier Cugat.

 



Enric Madriguera es un verdadero desconocido en Cataluña y también en España, quizá en gran parte porque a diferencia de Xavier Cugat, que regresó al final de su carrera, terminó sus días en América. Sea como fuera es una verdadera pena que un músico de primer orden, que se codeó con las principales estrellas del firmamento musical de Hollywood y a quién en 1943 la Unión Panamericana le concediera en Washington el título de Embajador Cultural de las Américas sea un prácticamente un personaje anónimo para la tierra que lo vio nacer.

 

 

 

Acompañado de un número de vocalistas de ensueño como Adelaide Moffett, Helen Ward y Patricia Gilmore, quien más tarde se convertiría en su esposa, desarrolló una de las carreras musicales más prolíficas del primer tercio del siglo XX.  Por lo general tocaban para norteamericanos, en su mayoría judíos neoyorquinos y emigrantes de diferentes países latinoamericanos, y además se enfrentaba a una audiencia donde existían diferentes franjas de edad, por lo que sus repertorios consistían en abarcar en la medida de lo posible diferentes ritmos de distintas épocas, siempre pasadas por la trituradora tropical.

 

En concreto las orquestas de Madriguera y Cugat resaltaban por lo espectacular de su puesta en escena, ya que por lo general trabajaron para Hollywood, a difenrecia de las bandas tropicales que conservaban la formación de swing clásica.

Los cuarenta son los años decisivos del Latin jazz.

Los músicos "latinos" se abren camino con

sus propias agrupaciones musicales

en los clubes más importantes de Nueva York,

como la orquesta de Xavier Cugat,

o la de Eric Madriguera.

 

Willy Lizarraga

 

 

Cuando a principios de los años cincuenta los estilos rock and roll aparecieron en escena las Big Bands vieron su fin, y al igual que la entrada de siglo propició un ambiente de demanda para la música de baile que dejaba de lado la clásica, el fin de la Segunda Guerra Mundial venía acompañado de nuevas exigencias, las de un público joven que pedía a gritos nuevos estilos de música y de vida. Un momento de inflexión que Madriguera entendió y aprovechó para abandonar la vida pública y retirarse junto a su esposa a su finca rural en Connecticut, donde siguieron entreteniendo humildemente a los visitantes hasta su muerte en 1975.

 

"Los más reputados músicos y comentaristas de música consideran que las orquestas de Madriguera y Cugat, ambos violinistas de formación y europeos de nacimiento, "aguaban" la fuerza rítmica y la complejidad polirítmica de la música afrocubana para un público norteamericano fascinado por el exotismo exsuberante de sus recién redescubiertos "buenos vecinos" de la América Latina Tropical"

 

 

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