SURF INSTRUMENTAL. UN FENÓMENO JUVENIL MADE IN CALIFORNIA

 
Este es un texto sobre el amor entre dos mundos. Sobre la casualidad forzada de una cita que podía no haberse dado, sobre el azar y los jóvenes. La historia de amor de dos vecinos de un mismo barrio, de un mismo edificio, que vivieron por si fuera poco la misma aventura, la misma sensación, en una época en la que los jóvenes disfrutaban en abundancia. 
Eso es, la historia de amor entre el rock and roll y los jóvenes de California. Una historia de amor efímera que marcó uno de los fenómenos sociales más frescos del siglo XX, la música surf de los años 60.
 
REY DE TABLISTAS
SURF, el deporte rey
1778, mi nombre es James Cook. Capitaneo la primera expedición europea a tierras de Hawaii. Un archipiélago desconocido para occidente. Después de meses de travesía incierta hemos divisado tierra. El paisaje es maravilliso. Flores y plantas de todos los colores, animales de todo tipo y la inmensidad del mar fusionada con la sublime presencia de las islas. Estamos frente a algo insólito. Pero de todo lo que he visto hasta ahora, de todo lo descubierto, lo más impactante y sorprendente son las nativos de estas tierras y las tablas con quienes cabalgan las olas como si fuesen delfines.
 
“Uno de los entretenimientos más comunes lo realizan en el agua cuando el mar está crecido y las olas rompen en la costa. Los hombres, a veces 20 o 30, se dirigen mar adentro sorteando las olas, se colocan tumbados sobre una plancha ovalada aproximadamente de su misma altura y ancho, mantienen sus piernas unidas sobre ellas y usan sus brazos para guiar la plancha. Esperan un tiempo hasta que llegan las olas más grandes, entonces todos a la vez reman con sus brazos para permanecer en lo alto de la ola y esta los impulsa con una velocidad impresionante. El arte consiste en guiar la plancha de manera para que se mantengan en la dirección apropiada en lo alto de la ola conforme esta cambia de dirección.

 

Si la ola dirige a uno de ellos cerca de las rocas antes de ser atrapado por la rompiente, es felicitado por todos. A primera vista parece una diversión muy peligrosa. Pensaba que algunos de ellos podrían golpearse contra las afiladas rocas pero justo antes de llegar a la costa, si se encuentran muy cerca de ellas, saltan de la tabla y bucean por debajo de la ola hasta que esta ha roto, mientras que la tabla es arrastrada muchas yardas por la fuerza del mar. La mayoría de ellos son superados por la rompiente de la ola, cuya fuerza evitan buceando y nadando bajo el agua para mantenerse fuera de su alcance. Viendo esos ejercicios realizados por aquellos hombres, se podría decir que son anfibios. Las mujeres podían llegar nadando al barco, permanecer la mitad del día en el agua y después regresar nadando a la orilla. El motivo de esta diversión es solo entretenimiento y no tiene que ver con pruebas de destreza. Con buenas olas entiendo que tiene que ser muy agradable, al menos ellos muestran un gran placer en la velocidad que este ejercicio les da…”

 

Capitán James Cook, 1778

 

 

 

 

Este es el texto escrito más antiguo que se conserva sobre los orígenes del surf. El testimonio de los primeros colonos europeos que visitaron las islas de Hawaii. Desde 1978 hasta nuestros días el surf ha experimentado una evolución impresionante, que si bien en esencia no ha cambiado (pillar una ola con una tabla), ha desarrollado y generado todo un universo cultural que engloba desde la música y la ropa hasta un lenguaje propio o un estilo de vida.

 

Tres décadas más tarde de la expedición del Capitán Cook los europeos regresaban a tierras hawaianas. Las noticias de nativos asalvajados y la existencia de paraísos lejanos, desamparados de la mano de Dios, estremecieron a los misioneros calvinista, quienes no tardaron en volver para convertir a los nativos de Hawaii al cristianismo. 

 

El surf quedaba prohibido en toda la isla por considerarse una distracción mundana que alejaba al ser humano de su verdadero objetivo, la dedicación y servidumbre total a Dios. Sus exóticos movimientos, el hedonismo placentero del deporte en el mar, la escasez de ropa y la autonomía que desprendían encima de sus tablas mientras surfeaban las olas era sencillamente intolerable para una moral entregada. Tuvieron que pasar casi 100 años hasta que el surf volviera a las playas y comenzara su andadura para convertirse en lo que conocemos ahora.

 

Es a comienzos del siglo XX cuando el surf aparece por primera vez en playas californianas. Los primeros aventureros que habían viajado a Hawaii y conocido el surf regresaban a sus playas fascinados. Aparecían las primeras tablas en la costa oeste de Estados Unidos, y de la mano de un nadador de élite enganchado al surf, Duke Kahanamotu, el deporte se expandía a toda velocidad por todo el mundo frente a la asombro de quienes por entonces no sabían ni para qué servía la tabla. El Duke viajaba siempre a sus competiciones de natación con su tabla de surf esperando el momento de terminar la prueba y salir a pillar olas.

 

Los viajes entre Hawaii y EEUU se multiplicaron. Se formaron pandillas de jóvenes que vivían sólo y exclusivamente para el surf. Comían de lo que ofertaba la naturaleza y de los regalos del ejército. El trabajo, el dinero, el reloj eran inventos chinos, objetos sin valor.

 

Termina la Segunda Guerra Mundial y un nuevo futuro aparece en en el horizonte norteamericano. Comienza la era dorada de la sociedad de consumo, donde los jóvenes, por primera vez en la historia, disponen de tiempo y dinero para gastar en lo que quieran. Lo que termina por generar nuevos espacios de ocio diseñados exclusivamente por sus gustos y exigencias. La música rock and roll, las motos, los hot rods o el surf adquieren a través del universo de los jóvenes un nuevo lenguaje y una serie de códigos estéticos y gustos que terminan por elevarlos a movimientos subculturales.

 

Los jóvenes no gobernaba la Casa Blanca, pero la industria del ocio tuvo que amoldarse a las nuevas exigencias juveniles. Los nuevos consumidores de cultura no tenían ganas de seguir los pasos de sus padres. Los jóvenes norteamericanos de los años 50 y 60 sencillamente exigían divertirse a su manera en medio de una sociedad todavía costumbrista y extremadamente conservadora.

 

De la playa brotaba una subcultura aparentemente inocente, sin preocupaciones profundas, donde la única matriz era pasarlo bien. Una cultura integrada que, eso sí, unida a las del hot rod, los moteros, y el rock and roll, diseñaba el nuevo mapa de rutas de la sociedad de consumo estadounidense. 


“Se trataba de un núcleo de chicos y chicas agrupados de modo aparentemente similar a la de las pandillas callejeras. Empero, sus motivaciones eran muy distintas. Procedían de hogares de clase media y clase media alta de la comunidad playera de La Joya, quizás la más selecta de California. Tenían muy poca sensación de resentimiento a sus padres y la sociedad y no eran rebeldes. Su única base de extrañamiento la constituía la protesta habitual del adolescente: el sentimiento de que se le está introduciendo en la edad adulta de acuerdo con esquemas ajenos. Así que hicieron algo definitivo; se agregaron. Iniciaron su propia liga, basada en el esoterismo del surf.”

 

Tom Wolfe, Poder Freak III

 

HOT RODS

Al otro lado de la playa

 

 

A la par que el surf y el rock and roll una nueva subcultura brotaba desde la sombra de la sociedad americana, la de los Roodders.

 

Aparece entre los años 20 y 30 pilotada por conductores de vehículos motorizados sin más objetivo que correr lo máximo posible. La idea es sencilla, prescindir de todo lo que no sea absolutamente necesario para que el coche funcione y así conseguir la máxima velocidad posible. Coches Ford modelo T customizados hasta las entrañas por jóvenes que volvían de la guerra con buenos conocimientos de mecánica, y sobre todo, con ganas de suplir las altas dosis de adrenalina vividas allí.

 

Por las calles de las ciudades de California circulaban batallones de Hod Rots a finales de los años 50, sin mencionar la nueva oleada de bandas moteras dentro y fuera de la ley que aparecieron tras el conflicto bélico. Prácticamente todo el mundo tenía un Hot Rod. Aparecen revistas, merchandising, estilos de música vinculados a esta cultura. Todo un mercado alternativo que florecía y estimulaba el consumo de los jóvenes y generaba una subcultura.

 

“La creación de un nuevo mercado que agarra desprevenida a la antigua oligraquía, los conflictos de intereses económicos que esto produce, son interpretados por los conservadores a medida de sus conveniencias, amplificando la amenaza a dimensiones sociales y nacionales que hacen necesaria su intervención, su perpetuación en el sistema", Jaime Gonzalo.*

 

El coche era un síntoma de libertad, de independencia. Un pequeño espacio privado, un universo personal y una vía de escape. Durante el periodo de los sesenta casi la mitad del país tiene un coche customizado. Los Hot Rods terminan por aparecer en películas y su universo acaba por revertir en su propia vertiente de rock and roll, el Hot Rod, una  variante instrumental homogénea a la música surf.

 

La música surf, "en el año 63 derivó en la música Hot Rod.

Los chavales querían meterse en el agua con una tabla,

pero también en un coche de los años 30 modificado con un motor moderno"

Didac Piquer.**

 

En 1960 el rock and roll en California sonaba de una forma distinta. Aparecía el sonido Surf propiciado por el escenario de las subculturas juveniles surf y hot rod. Una relación de amor efímera que duró solamente 4 años, los que comprenden 1960-64, una relación "condenada 

a no prolongarse en el tiempo por no dar para mucho conceptualmente", Didac Piquer*

​ROCK AND ROLL​

La banda sonora de fondo de esta película la elegía el rock and roll, el estilo musical por excelencia de los jóvenes en los años 50, un estilo que por entonces estaba a punto de recibir la aceptación a regañadientes de la mayoría del público blanco estadounidense. Con raíces profundamente bluseras y de rhythm and blues, el rock an roll encontraba sus máximos referentes en figuras como Little Richard, Chuck Berry o Elvis Presley. Un sonido y un ritmo que encontró en California un escenario nuevo donde podía expresarse de forma diferente.

Comenzaba en California una historia de amor efímera entre el rock and roll, el surf y los hot rods que daría como resultado un nuevo estilo musical, el surf instrumental.

 

La música surf partía del rock and roll clásico pero sus referencias directas estaban en los sonidos de guitarra rockabilly de extraradio y en canciones instrumentales al estilo Link Wray de finales de los años 50. Algo se estaba gestando, un estilo, un nuevo sonido, un rock and roll diferente.

El rock and roll y el universo juvenil californiano se conocían por primera vez en lo que muchos consideran la primera canción surf de la historia y con quien se inaugura el estilo surf, Lets go trippin, de Dick Dale, en 1961. 

 

De 1961 a 1965 surgieron una infinidad de bandas adolescentes de música surf instrumental en la costa de California. Dick Dale and the Deltonos, Lovely Ones, The Surfaris, The Challengers, Sandy Nelson, Los Trashmen, The Astronauts y más tarde los poperos Beach Boys, son algunos de los ejemplos más representativos. La lista de bandas de música surf se pierde en la memoria. Fue un boom del que no quedó realmente un recuerdo sonoro registrado.

En 1964 "ya se olía un cambio social, conceptual y cultural. De un mes para otro la música surf pasó a ser un género obsoleto".** Al igual que hubo un amanecer hubo un anochecer, y en 1967, con la entrada en escena del movimiento contracultural la música surf se desvanecía. “Ese año fue el fin de una era. Los chavales empezaron a ponerse camisetas con referencias a sexo y drogas, y el mercado se volvió loco. La popularidad de los car shows decreció muchísimo, mis camisetas dejaron de venderse a medida que se multiplicaban las que ensalzaban el colofón y el glamour de la yerba y las drogas psicodélicas, que se vendían por doquier". Poder Freak III

 

La relación de amor entre la cultura juvenil californiana y el rock and roll maduraba. La invasión británica traía consigo nuevas inquietudes.

Las fríbolas letras de playa para jóvenes se harían cada vez más complejas y el contexto social daría un vuelco casi radical. El surf pasaba a la historia. Ya era un sueño de aquellas noches de verano, el recuerdo de un romance que dejó una huella inolvidable.

 

 

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