EL ROCK AND ROLL LLEGA A BARCELONA. LA SEXTA FLOTA AMERICANA

La dureza de la postguerra se hacía notar en Barcelona a mediados siglo. La pobreza y la necesidad en la Ciudad Condal invadían de igual menera el imaginario de un país enmudecido bajo el dominio de una dictadura en bancarrota. La escasez gobernaba y el silencio dictaminaba sentencia. Quedaban atrás los álgidos años de vida nocturna en la ciudad, y el barrio chino, el barrio que dio manto desde comienzos de siglo al espíritu del ocio nocturno, veía como el fantasma de la altísima moral  paseaba su guadaña. Algo había cambiado profundamente. La guerra, la muerte, el dolor y el miedo todavía estaban latentes.​

Pero llegó el día. Un día que muchos esperaban. Un día especial por muchos motivos. Y es que como si de los verdaderos reyes magos se tratara, el 9 de enero de 1951 llegaban al puerto de Barcelona los primeros barcos de la Sexta Flota americana. El paseo de la Rambla amanecía con otro color. Los marines habían llegado a la ciudad, y esta les daba la bienvenida entusiasmada. Las calles se llenaron de gorritos y uniformes blancos, y de chicos rubios con ojos azules y pecas en la cara. Nuevos rostros, nuevas noticias, nuevos aires que generaban expectación entre jóvenes y mayores. Como sostiene el periodista Xavier Theros, era el comienzo del turismo de masas.

 

Money Honey

La presencia de marineros en las ciudades era como una ráfaga de aire fresco. Traían "cosas" interesantes. La coca cola, chicles, cigarrillos Lucky, mecheros Zippo, cortaúñas, electrodomésticos, pantalones jeans, nuevas formas de vestir y discos de vinilo con nuevos sonidos musicales. ¡El rock and roll llegaba por mar a la ciudad condal!  Eran la avanzadilla de la nueva cultura norteamericana que emergía al otro lado del atlántico. Pero de todo lo que trajeron los americanos, lo más interesante, lo más atractivo fue sin duda su dinero fresco, los dólares.

 

"Las mujeres los querían, los hombres los envidiaban y las criaturas los perseguían pidiéndoles chicles y chocolatinas. Con aquellas visitas la parte baja de la ciudad vivió una época dorada. Prostitutas, comerciantes, hoteleros, sastres o taxistas, todos se aprovecharon de aquella lluvia de dólares. Nacía así una industria turística que conserva todavía muchas prácticas y costumbre de aquellos años". * Xavier Theros, 2010.

 

 

Bienvenido Mister Marshall

 

El amigo americano por fin había llegado, pero no como muchos esperaban para salvar a España de una dictadura criminal. En plena Guerra Fría Europa era un tablero de ajedrez donde el control de sus puertos suponía ganar o perder fichas en una partida nada amistosa, y la afinidad anticomunista entre Franco y el ejército americano se tradujo en el reconocimiento del régimen y la entrega de 7 puertos marítimos, entre ellos Barcelona, posiblemente el más importante de Europa. Todo había sido un sueño. 

 

Aún así, "de pronto, todo se convirtió en una fiesta. Fue el principio de un boom espectacular, fantástico: los marines yankis hicieron furor en Barcelona". ** Paco Villar 1996.

 

El dinero corría por la calles después de años de sequía. Dinero fresco, y no había quien no se apuntara a la juerga. Los negocios de la ciudad se reconvirtieron. El carro se llenaba de heno y todos intentaban volver a subir. La ciudad se ponía en marcha para abastecer la demanda de los nuevos turistas, chicos jóvenes que llevaban meses en la mar; jóvenes en busca de diversión a quienes el dinero se les resbalaba de entre los dedos. El negocio de la prostitución se triplicó.

 

"Cada visita de la VI Flota dejaba diariamente en Barcelona entre uno y dos millones de pesetas de la época. El servicio de una prostituta costaba 15 pesetas, pero inmediatamente pasaron a cobrarles cinco dólares a los marinos, que entonces eran 122 pesetas. ¡Cuatro veces más! y enseguida aparecieron las primeras profesionales especializadas. Está el caso de una chica con rasgos orientales, apodada La Coreana, especialista de El Jardín, uno de los burdeles más conocidos de la calle de Robadors, que hacía hasta 50 servicios diarios. En la terraza del Cosmos y en la del hotel Oriente había unos tipos que daban clases de inglés a las prostitutas para que pudieran entenderse con la clientela". **

 

"Levaban sus propios discos de rock and roll

y alquilaban el local Kentucky para hacer sus propias fiestas"

 

Se desarrollaron medios de prevención para el abastecimiento de los comercios. Las autoridades portuarias informaban con antelación del número de tripulantes que llevaban a bordo y de la duración de la estancia. Así podían aprovisionarse del alcohol necesario con el que saciar la demanda, y la cadena de negocio se ponía en marcha. "Inmediatamente las peluquerías se llenaban de prostitutas, las tiendas de ropa interior sacaban sus novedades y los comercios se preparaban para una costumbre muy catalana de la época que consistía en que cada prostituta intentaba que el marinero se quedara en su casa, de modo que al día siguiente la acompañara al mercado de la Boqueria para hacer la compra de toda la semana o todo el mes".*

 

"Las mujeres los querían, los hombres los envidiaban

y las criaturas los perseguían pidiéndoles chicles y chocolatinas"

 

Los yankis funcionaban como una verdadera sociedad de consumo, y si bien es cierto que entre los gobiernos de España y EEUU había comenzado una historia de amor, entre la población también existía cierto rechazo debido a las continuas peleas que estos desataban por sus borracheras. Todo se olvidaba con una buena propina: "Muchos locales se rehabilitaron gracias a esos altercados, porque las autoridades militares americanas pagaban en metálico los desperfectos" 

 

 

Un golpe bajo para el Bario Chino. El decreto de ley de 1956

El día 3 de marzo de 1956 la prostitución en Barcelona, que hasta entonces estaba tolerada, queda abolida. Le asestan un golpe mortal al negocio rey del barrio chino. Inmediatamente se pasa al cierre de 98 clubs que hasta entonces eran legales, y se clausuran 42 clandestinos. El resto de locales que se salvan hacen un lavado de cara y pasan a llamarse meublés, bares o pensiones; y los que no directamente a la clandestinidad absoluta.

 

Lo que en principio perseguía esta ley termina por multiplicar la prostitución clandestina. Al cerrar la mayoría de los locales las chicas se lanzan a la calle, y los prostíbulos pasan a llamarse decorosamante así mismos clubs, aunque no dejaban de ser los bares de camareras de siempre. La visita de la Sexta Flota animaba la vida nocturna de la ciudad, una demanda que irremediablemente continuaba a pesar de las leyes.

 

*

Comienza la construcción de un pequeño universo de ocio para los americanos que sobrepasa las fronteras del hasta entonces centro neurálgico del raval para llegar hasta la calle Escudellers y la Plaza Real. Los bares y clubs adoptan nombres originariamente yankis, como el Kentucky (este curiosamente se llamaba así antes de la llegada de la Sexta Flota), New York, El Paso, el Tequila. Todos enfocados al público americano, y muchos de ellos con los taburetes cimentados al suelo para evitar que los marines los lanzaran en las peleas (los del bar Tequila se mantienen intactos). El ambiente del hampa y los bajos fondos de principios de siglo adoptaba otro color, ¡Había llegado el rock and roll!

 

Los primeros bares donde se escuchó rock and roll en Barcelona fueron los frecuentados por marines. Tenían un cartel en la entrada que ponía music request, anunciando que podían ir a pinchar sus discos allí. Era un nuevo sonido, era el rock and roll y el jazz que sonaba al otro lado del charco, discos que solo se podían escuchar allí porque era imposible encontrarlos en tiendas o escucharlos en la radio. En estos bares se hacía posible sentir el eco de lo que estaba sucediendo en EEUU.

 

El rock and roll y el jazz de los 50 eran estilos musicales que no gustaban al franquismo. La prensa oficial los clasificaba como música de negros. Pero el paso de los marines produjo un interés imposible de erradicar, el ritmo y las reminiscencias de las canciones que llegaban del otro lado del charco eran adictivas.  

 

Por entonces en EEUU todavía existía la segregación racial. Aparece en Barcelona el bar Cádiz, muy cerca del Kentucky, que se convertía en el primer local exclusivo para la comunidad afroamericana. Lo que por ejemplo antes había sido el café Lion D´or ahora se llamaba Panam´s.

 

"Uno entraba en el salón superior del Panam´s y no veía más que marinos americanos y chicas que compartían con ellos unas bebidas y unos besos muy largos y muy amorosas en los que flotaba la promesa de todos aquellos dólares. Allí todas eran iguales: una máquina de acción; una máquina de acción que tenía que aprovechar a marchas forzadas el boom", *

 

 

Los marines gastaban sin control y el comercio florecía a cámara rápida, y los precios abusivos a los extranjeros sin problemas económicos se convirtieron en la norma. Pero con los años "aquellos primeros marines americanos que se desplomaban en redondo después de ingerir tres copas de ginebra barata, y que derrochaban dólares como si nada, también acabaron por esfumarse. Tras la euforia de los encuentros iniciales, los ánimos se serenaron considerablemente: los yankis aprendieron a regatear y a soportar mejor el alcohol a

granel".* 

 

¡Tic toc! -¿Quién es?- Aquí del taller del gato que salto

 

Entre el jolgorio descontrolado de los marines americanos también halló su hueco el hampa autóctono. La prostitución clandestina continuó a través de dos caminos paralelos, el enfocado a los turistas y el local. Siempre en la clandestinidad, se generaron multitud de códigos y fórmulas con las que continuar con el negocio del pecado. "Aquí del taller del gato que salto" era la contraseña que usaban clientes y burdeles clandestinos para esquivar a las autoridades. Era la clave secreta para poder entrar en el local. 

 

La zona de noche que abarcaba el barrio chino dejó de cubrir solo la zona del raval y cruzó la rambla hacia la calle Escudellers y la Plaza Real. Un nuevo espacio de ocio florecía repleto de bares, restaurantes, bares de camarera y tabernas, locales que al poco tiempo se convertirían en pubs y discotecas. Salas de noche de todo tipo invadieron la calle Escudellers, donde todo era al estilo americano.

 

"En ese sector, a finales de la década de 1960, se aposentó una clase de prostitución que en su momento fue considerada hippy, (...) Aquellas muchachas vestían minifaldas cortísimas o vaqueros muy ceñidos; muchas caminaban descalzas, fumaban hierba y practicaban la bisexualidad. Todas ellas eran extranjeras que trabajaban en clubs: inglesas, alemanas, francesas, danesas, suizas..." *

 


El desembarco de la Sexta Flota a Barcelona significó durante veinte años una renovación. La llegada de la sociedad de consumo yanki y su estilo de vida traía consigo un modelo de ocio que chocaba con la estricta estructura social de la dictadura de franco. La coca cola, el rock and roll, el tabaco americano, los cócteles eran inventos atractivos para una población que por entonces hacía uso de la cartilla de racionamiento. La música moderna caló en la ciudad dejando un poso que perduraría después de la marcha de los buques, y del mismo modo ocurría con los bares y pubs de temática yanki, donde el rock and roll y los cócteles dirigían la juerga. 

 

 

Yankis Go Home! 

 

Pero la relación de amor entre España y EEUU llegó a su fin. Con la llegada de los años setenta la visión que se tenía del ejército americano cambió. De ser los hermanitos mayores pasaron a ser vistos como una invasión imperialista, como un país peligroso que poseía armas nucleares. La llegada a puerto de buques fue disminuyendo progresivamente, y tras la muerte de Franco la relación viril entre el dictador español y el Tío Sam terminó.

 

A partir de 1980 los americanos concentrados en Barcelona comienzan a sufrir el acoso político de la izquierda no parlamentaria, y a partir de 1986 se repiten los atentados contra sus bases. En 1987 las tropas americanas sufren tres atentados consecutivos, muriendo un marine en uno de ellos al lanzarles una granada dentro del club privado que tenían para uso exclusivo de la marina. Después del último ataque el ejército decide abandonar finalmente el puerto de Barcelona al considerarlo una base no segura. Se daba fin a un amorío de 40 años y comenzaba un nuevo periodo de cambio. Los yankis se marchaban y un nuevo huésped llegaba a la ciudad (...)

 

A Wamba

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