NOCHES DE LUPANAR Y PROSTITUCIÓN EN LA BARCELONA DE PRINCIPIOS DE SIGLO

 

 

 

"En una ocasión a mí me hicieron un número especial llamado `polvo con ángelus´. Mientras hacías el amor con una de las chicas, entraba en la habitación otra acompañada de un cordero amaestrado. En el instante del apogeo final, el cordero sacaba su enorme lengua y (...) Había que pagar un suplemento, mucha gente lo sabía. Fue el plato cumbre de allí."

 

Ramón P. Vecino. Sobre Madame Petit

 

 

Este es un artículo impersonal, de testimonios. Un artículo envuelto entre la historia y la leyenda, entre lo moral y lo inmoral. Un paseo guiado por la corte de uno de los negocios más sólidos del Distrito V, una excursión por las calles de uno de los barrios más emblemáticos del mundo para conocer la vida dentro de los burdeles de Barcelona. Este es un artículo sobre la prostitución de principios de siglo en la Ciudad Condal.

 

Bienvenidos a la catedral del mal, al templo del vicio, al reino de Dioniso; donde lo mezquino, lo ostentoso, la lujuria y el dinero conviven sin pudor. Donde los lujos más dantescos, los deseos más retorcidos, el esperpento y los lugares más decadentes gobiernan entre las bestias de la noche.

 

Si crees que sabías todo, que tus "abuelos" no han visto nada, prepárate para conocer el mundo del lupanar a través de las crónicas de los periodistas que desafiaron al diablo para penetrar en el lado oscuro de la noche. Bienvenido al Barrio Chino.

 

 

"Allí las cosas eran reales, crudas, tremendas"

"No había disfraz. Bastaba solo tener los ojos abiertos"

 

 

LAS NOCHES DEL LUPANAR BARCELONÉS

 

El mundo barcelonés de los burdeles se localizaba entre el plano que formaban las calles Cid, Migdia, Paracamps, Porta de Santa y Pararel. Al anochecer, tal como caía la tarde y oscurecía, el colorido de la vía impregnaba el paisaje como si la primavera llegase a cámara rápida. 

 

Entre las abundantes casas de dormir, el abanico de tabernas y las tiendas donde las cubiles aguardaban la oportunidad para seducir a los 
púgiles, se configuraba la fauna del universo nocturno. Los milagros sucedían y las promesas se otorgaban de forma generosa. Los ciegos que antes se ayudaban de las paredes para caminar ahora veían, los pobres cojos se apresuraban a dos piernas para coger sitio en una buena mesa como si participaran en una carrera, y el amor eterno se regalaba en cada esquina.

 

Las chicas asomaban la cabeza sin pisar la calle, y las peleas, los insultos y las frases grotescas inundaban el ambiente de los alrededores de las mancerías más visitadas. El hampa y la migración terminaban de dar forma a un paisaje pincelado con movimientos de provincia, bases proletarias, picaresca y ganas de divertirse en un barrio castigado por el hambre y la miseria de principios de siglo.

 

 

Las Rifas de mujeres en las casas de lenocinio

 

La prostitución en el barrio chino estaba determinada por la pobreza, la miseria, el hambre, la necesidad y la supervivencia. No había fin para el mezquino ingenio. La picaresca de la noche y el artificio de la inteligencia no tenían límites. El juego, la artimaña, el hampa, soldados uniformados y el mal vivir compartían habitáculo con el día a día del vecindario, y el dinero había que inventarlo. 

 

Prepárense para entrar de la mano del periodista colombiano Vásquez Yepes en los bajos fondos del barrio chino para conocer cómo eran las rifas de mujeres del raval.

 

LAS RIFAS

 

"Nos internamos por unos callejones de la ciudad vieja y uno de mis acompañantes llamó al fin a un portón vetusto. Se asomó una mujer a la ventana que verticalmente hacia arriba le quedaba y preguntó cuántos éramos. Al saber el número, contestó secamente: No hay sitio. Y cerró. Llamamos de nuevo, pero uno de los acompañantes advirtió: Apartémonos porque van a echarnos un balde de agua. -Esta costumbre persiste en toda España, cuando quieren deshacerse de alguno que importuna a altas horas de la noche. Hay veces que no es agua lo que arrojan-.

 

A esta sazón abrieron la puerta para dar salida a un grupo de soldados y marineros y casi al mismo tiempo se vio a la misma mujer en la ventana que dijo: Pueden pasar.

 

Era un portal oscurísimo y una escalera sucia, estrecha y rechinante. Eso lo comprendí al tacto, pues mi mano se quedó adherida al pasamanos. La puerta de la calle se cerró al pasar el último, sin que hubiéramos visto persona alguna. Antes de llegar al segundo tramo, de la parte de arriba y de un farolillo opaco surgido de pronto, brotó una luz que apuñaleó las sombras. En la parte alta nos esperaba una proxeneta de unos treinta años, de aspecto enclenque, casi desnuda, y nos saludó de tú. Entramos a un saloncillo y ahí vimos a varias mujeres fumando con toda indiferencia. El piso; las paredes, los muebles; las pornográficas y borrosas pinturas; la escasa luz; aquel ambiente saturado de tabaco del de peor calidad y de otros olores nauseabundos; aquellas mujeres pintarrajeadas y esqueléticas; todo aquello, estuvo a punto de hacerme retroceder y ganar la puerta.

 

Avanzamos por un pasadizo, alumbrado solo por el reflejo que nos llegaba de delante. Allí pasamos bajo un tragaluz, que en aquel momento tragaba sombras, pero que nos obsequió con una bocanada de aire puro. Llegamos a un espacioso salón donde se revolvían muchas ruinas de mujeres semivestidas y hombres de los más extraños tipos que es dable imaginar. Era tan indecente y asqueroso lo que allí se desarrollaba entre aquellas hembras zarrapastrosamente aliñadas -si así puedo decirlo- que temo no poder conservar la relativa pulcritud y me abstengo de contarlo(...)

 

 

"Entre baile y baile, una negra anunciaba la rifa"

"Barajaba las cartas un hombre de cara con cicatrices"

 

Describiré un poco el salón y luego describiré lo que allí vamos a ver. Ya he dicho que este era dilatado. En su aspecto no se diferenciaba del que habíamos visto primero sino en que las pinturas al fresco estaban mejor conservadas -a pesar de la bruma que los cigarros producían- y eran más obscenas; en que estaba un poco más sucio, si ello era posible; y en que tenía grandes y borrosos espejos y mayor cantidad de luz.

 

Adosados a la pared en todo su derredor, había escaños. Estos los llenaban totalmente: el terreno soldado, que aquí se halla en todas partes, -que en España es el tipo del perfecto ignoro y del perfecto imbécil y que, con la menegilda, inicia la escala social- obreros, traperos, marineros, basureros, barrenderos y algunos otros señores del hampa. Como se ve, la sociedad no podía ser más escogida. Los soldados eran de todas la armas, y por ende, variaban los colores y los distintivos de los uniformes. A causa de no haber asiento para todos, discurrían aquí y allí parejas de prostitutas y soldado y grupos de obreros que llenaban totalmente aquel dilatado recinto.

 

¡Ahora escuchad!: una mujer semidesnuda, que más bien parecía una pilrafa, pasa distribuyendo cartas de baraja a determinado y reducido grupo y cada individuo entrega, por el naipe que recibe, diez céntimos. Aquel a quien tocó en suerte recibir el as de oros, tiene derecho a escoger la mujer que quiera de las que estuvieran presentes. ¿Se ha visto cosa semejante en país alguno? Mas no era eso propiamente dicho lo que iba a contar. Cuando se distribuían las cartas, pude observar a quienes se iban entregando. ¿Pero me creeréis? Pues, entre los soldados y obreros, se veía gran copia de niños de una edad que fluctuaba entre los doce y dieciséis años. Y si me apuran mucho, diré que algunos no representaban más de diez. Justamente a uno de cortísima edad le tocó el as en la primera distribución que vi, y luego se marchó con por un pasillo con su meretriz, vieja zorra que podía ser su abuela."

 

 

LA LLEGADA DE LA EUROPA EXÓTICA A BARCELONA

 

La neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial provocó una ola migratoria procedente de Europa que  huía del conflicto. La llegada de gente de diferentes países suponía en cierto modo un estímulo, algo exótico. La modernidad llegaba a Barcelona de la mano de artistas de toda índole, buscavidas y gremios nunca vistos hasta entonces. 

 

Mujeres rusas, polacas, inglesas, francesas, italianas o alemanas, profesionales del gremio de la noche, ocuparon rápidamente un puesto en los burdeles de la Ciudad Condal. La figura del Apache parisino remplazó a la tradicional y muchas mujeres optaron por confiar en sus dotes de protección. Los negocios de la noche se reinventaron. Aparecieron nuevas prácticas y la oferta de los burdeles se amplió. Prácticas sadomasoquistas, orgías, sexo con animales o prácticas necrosexuales se incluían en la lista de servicios. Nuevos aires recorrían las calles del barrio chino, aires que en cierto modo traían consigo higiene y elegancia a las noches del lupanar.

 

 

MADAME PETIT

UN BURDEL DE 5 ESTRELLAS

 

 

 

Los primeros números de la calle Arc del teatre fueron a comienzos del siglo XX la puerta de acceso a la más vasta miscelánea del vicio conocida en Barcelona. El entramado de tabernas de mala muerte, las casas de dormir, los cafés cantantes y los prostíbulos tenían su propio circuito, y éste comenzaba al cruzar el arco de piedra. El submundo y el negocio clandestino tenían su refugio en el barrio chino, el barrio donde todo ocurría. Fue justo a la entrada, en el número 6 de la calle Arc del Teatre, donde se afincó el prostíbulo más emblemático de Barcelona, Madame Petit.

 

Con un luminoso a la entrada que ponía Petit, el burdel acogía el público más selecto del lenocinio. Fueron tres sus propietarios y tres por tanto sus etapas, siendo la que cubre el periodo de años entre 1915-1925 la que recuerdan con mayor esplendor los textos. La fecha de su apertura no es del todo exacta pero se sitúa sobre finales del siglo XIX, alrededor de 1888. Madame Petit aparece ese año en un informe de La Sección Especial de Higiene de Barcelona. En el texto se hacía mención a los locales que no cumplían el reglamento de rejado.

 

Ramón Daprer, literato, describió así su visita a Madame Petit:

 

Un burdel de 5 estrellas.

 

"El techo pintado con motivos sexuales estaba sostenido por columnas en las que aparecían talladas figuras femeninas, y en derredor habían palcos cerrados con celosías, desde donde los más respetables clientes podían elegir a las mujeres de su agrado sin ser vistos por el resto del personal. El salón también contaba con exquisitos muebles y cortinajes. Un trío musical alegraba a la congruencia, que sentados a las mesas del café contemplaban el ajetreo de las prostitutas. Además, disponía de un saloncito privado para exhibiciones pornográficas destinado a las carteras privilegiadas: se comenta que eran periódicas las prácticas con animales. La categoría del establecimiento quedaba demostrada con un añadido servicio de restaurante.


Las habitaciones, acogedoras y limpias, poseían bidés, y el cambio de ropas de las camas después de cada ocupación fue norma de la casa. Había una habitación denominada la superespecial, la cual era capaz de alojar a cinco o seis parejas. También destacaba otra habitación preparada para actos necrosexuales, que contenía como únicos elementos decorativos un ataúd y cuatro grandes cirios. Para los partidarios de las fantasías sexuales, se ofrecía una amplia sección de disfraces. Las pupilas eran de lo más selecto. Casi todas las naciones tenían cabida en Madame Petit.

 

Se constata la presencia de una madre y una hija de nacionalidad polaca, que hacían las delicias de los clientes sadomasoquistas. Y la llegada de una hermosa cubana que provoco, durante sus primeros días de trabajo, una interminable cola de clientes que esperaban su turno para disfrutar de los favores y savoir faire sexual de la cubana."

 

 

A partir de 1930 Madame experimenta un cambio estructural y su suculento servicio pasa de ser un templo sibarita de la perversión a un centro de batalla popular.

 

 

 

Las Profesionales del amor, Gui Befese, 1933

 

"Salvamos unos escalones, tocamos el timbre, se abre la puerta y nos recibe una mujer de unos cincuenta años, que ejerce de criada del prostíbulo. El salón, bien decorado, alberga unas treinta o cuarenta mujeres y muchos más hombres que hacen consumiciones en las mesas que hay en la sala. En todos los grupos de hombres, hay unas cuantas mujeres que solicitan ser convidadas por los clientes, sentándose en sus alrededores o sobre las mismas piernas de ellos, para excitarles con movimientos lascivos. El vocerío es atronador y edificante. Todas las frases de mal gusto se cruzan entre ellas y ellos, para llegar al fin pretendido de que el hombre suba a las habitaciones con dos mujeres... Desde un palco observamos el ir y venir de parejas y tríos que suben a las alcobas, que se hallan en los pisos superiores."

 

 

 

Carne cruda, Francisco Oliva, 1933

 

"Bailan hombres y mujeres, apretujados, adentrados unos en otros, incrustados. Las mujeres, desnudas por completo unas, y envueltas en trasparentes batas de plata otras, saben que quizá de aquel baile depende la decisión del cliente que puede hacerla suya por un rato. Y extreman sus procacidades, cada vez más incitantes, en las que son consumadas maestras, aumentando con pausado ritmo el ondular de caderas, el roce afrodisíaco, hasta convertirlo en desbordar de frenesí, en apretón decidido y suplicante a un tiempo, que la mayoría de las veces excita la virilidad del bailador hasta el extremo de llevársela en brazos, los ojos chispeantes, babeando de lujuria, hacia las habitaciones altas, sin esperar a que termine el baile.

 

El baile ha cesado. Ahora las mujeres muévense de un lado para otro del salón, acechando con suspicaz interés al hombre que furtivamente se muestre interesado por sus gracias. El espectáculo es por demás incitante. Por todas partes tremolar de pechos y nalgas, triángulos de vello, actitudes francamente impúdicas, perspectivas brutales, hubo de tabaco inglés, imperceptibles nubes de polvillo luminoso, cocaína volatilizada; risas histéricas, pregones y exposición de las diversas formas de amor. Las hay que vanaglorian de saber amar en más de cinco lenguas diversas. Otras aseguran ser capaces de habérselas con tres, cinco, diez hombres a la vez. Algunas de ellas son verdaderamente lindas."

 

 

En su tercera fase, Madame Petit se transformó en un local de mínima categoría. Tras la guerra civil, la decadencia, el deterioro y la pobreza hicieron del burdel más glamuroso de Barcelona una cochambre sucia y barata. Un local degradado y castigado por la postguerra y embellecido y dejado, barato y decadente. La fauna la personificaban "cincuentones miserables con barba de tres días o putas gordas y viejas, a menudo embarazadas, vestidas con harapos de supuesta seda brillante que dejaban entrever las tetas desmoronadas o los muslos dibujados por las venas varicosas." Carlos Barral, Años de penitencia.

 

En 1956, el 3 de marzo, un decreto de ley abolía la tolerancia de la prostitución. Los años de lujuria terminaban, pero la ciudad seguía tapada bajo la autarquía de un cielo gris. 

 

 


"No se conoce el barrio con venir un día de turista"

"Antes de la guerra el barrio y el vicio tenían una suciedad autóctona" 

 

 

A WAMBA

Please reload

Please reload

Página oficial de A Wamba Buluba, club de Rock & Roll de Barcelona. 
El mejor Club de Rock & Roll de Barcelona, donde encontrarás la mejor música en directo de la Ciudad Condal.