LOS ORÍGENES DEL ESPECTÁCULO EN BARCELONA. LA ESCENA DEL CRIMEN

EL BARRIO CHINO, LAS CASAS DE DORMIR, LOS CAFÉS CANTANTES Y LOS CAFÉS DE CAMARERAS

 

 

 Bailarinas del Edén Concert

 


Queridos lectores. Lo que van a encontrar a continuación no es otra cosa que una crónica de algunos de los sucesos más macabros del barrio chino. Un prontuario de los lugares donde la noche del espectáculo barcelonesa vio por primera vez la luz. Un texto simplón sobre los cafés cantantes, sus estrellas; los cafés conciertos, las casas de dormir, los cafés de camareras y los ajustes de cuentas de los pinxos; La narración de un submundo que antes de principios de siglo XX ya era testigo de la biografía de un barrio castigado por las determinantes condiciones de vida de una época donde el acceso a la vivienda obrera era casi una utopía; donde el vicio, la diversión, los ajustes de cuenta, el robo, las funciones diarias y la prostitución cohabitaban el día a día inconscientes de lo que estaba por llegar, el estallido de la primera guerra mundial, un acontecimiento que alteraría definitivamente las relaciones sociales de los bajos fondos y la ciudad. 

 

 

Los hoteles del Hampa; Nos adentramos en las casas donde dormir por unas horas, 1900.

 

"Era una casa de cuatro pisos, con bajos y muchos altos. Una casa destartalada y sucia; nido de chinches en verano y madriguera de forajidos en invierno... En un pasillo inmediato había un catre con un hombre dormido. Lo despertamos, y resultó ser un joven negro muy conocido en tabernas de los barrios bajos; en el fondo, una buena persona. No iba en su busca la policía; lo dejamos. Atravesamos un patio, y el sereno empujó una puerta que en el fondo había. Entonces tuvimos que retroceder un paso. Un olor fuerte y hediondo, que se incrustaba en el cerebro,  nos había hecho sufrir una sensación dolorosa. Luego, llevando el pañuelo a las narices, nos acercamos a la puerta; el sereno dirigió la luz de su linterna al fondo del cuarto cuya puerta había empujado, y vimos una cavidad dantesca, espantosa; una pocilga enorme y pestilente, como el cubil de una fiera. Sobre un piso cubierto de paja y de heno dormían amontonados docenas de seres: hombres, mujeres, niños, en confusión horrible, en repugnante mezcolanza. Todos dormían vestidos, unos sobre otros, respirando el mismo vaho, contagiándose las pústulas y la miseria, en montón de carne sucia y enferma. La atmósfera parecía irrespirable, y era tan densa  que apenas la atravesaba la viva luz de la linterna. Todo allí enfermaba: las ropas de  aquellos desdichados, la paja y el heno, exhalando olores de letrina". 

 

Periódico El Diluvio, 1900. 

 

Las casas de dormir 

 

La llaga de Barcelona, el barrio chino, era a principios de siglo XX un lugar internacionalmente conocido por su desmesurada inclinación al vicio, y la proliferación de locales que aglutinaba la depravada demanda de la perversión no ayudaba a curar las desgracias que el tejido obrero del barrio padecía después de que la industria decidiera trasladarse del Raval a L´Eixample.

 

En el barrio chino convivían bajo un mismo manto trabajadores dignos y gentes de mal vivir; comprometidos sindicalistas obreros y maleantes de tres al cuarto. Pinxos, artistas, comerciantes o prostitutas. La escasez de trabajo deterioraba poco a poco sus condiciones de vida a la vez que florecía el negocio de la noche como alternativa principal. En medio de una sociedad en progreso, en el barrio del raval, el mal había ganado la eterna batalla a su principal enemigo, y la moral experimentaba nuevas vías. Y en un contexto extremadamente hostil, donde el acceso a la vivienda obrera era prácticamente una utopía, las por entonces conocidas casas de dormir eran sencillamente lugares necesarios. Putrefactos pero reclamados, que si bien recibían el rechazo de la opinión pública por su desaseo generalizado, su razón de ser en el fondo las hacían sencillamente imprescindibles. Mundos dentro de otros mundos, donde la vida transcurría en paralelo a lo que acontecía tras los "muros del barrio chino".

 

Curiosamente, esta inhumana situación sorprendía cuando muchos de quienes frecuentaban las casas de dormir reprochaban a la mala fortuna haber terminado ahí esa noche, y fanfarroneaban con hacerse ricos ese mismo día para no volver más. Un acto tragicómico que se repetía casi a diario y que contenía el trasfondo picaresco de un barrio castigado que inspiraba a la vez el interés de turistas y literatos. Pero lo cierto es que el desolador ambiente de las casas de dormir respondía a la demanda de un problema económico y social que parecía no iba a tener solución ni a largo plazo, y no era reflejo sino del declive de las condiciones de vida en la ciudad.

 

Por lo general las casas de dormir costaban alrededor de un real. El albergue Los Tres ochos permitía al cliente estar como máximo 8 horas en tres turnos diferentes, de ahí su nombre. Abría de 6 de la mañana a 2 de la tarde; de 2 de la tarde a 10 de la noche, y de 10 de la noche a 6 de la mañana. Estaba situado justo al lado de la Taberna La Mina, una de las tabernas más populares del raval.

 

Los cafés cantantes

 

No todo era decadente en el barrio chino. Si hay algo que lo caracterizó fue justamente el alto porcentaje de tabernas y locales de ocio que lo poblaron. Barcelona contaba antes del siglo XX con un conjunto de cafés cantantes que hacía las delicias de muchos. Si bien es cierto que las casas de dormir y los cafés se nutrían bajo un círculo vicioso, nunca mejor dicho, la noche del espectáculo vivió en Barcelona ya por entonces una explosión de provincias que lo nutrió antes de que llegaran de Europa estrellas y variedades de todo tipo.

 

"Fue hacia 1850 cuando Barcelona advirtió la presencia de lo que más tarde se denominaron cafés cantantes. Por aquel entonces, en muchos cafés de segundo y tercer orden se implantó una nueva costumbre, una costumbre importada de Francia: dar pequeñas funciones de canto durante las primeras horas de la noche. En el elegante Café Chantan de la calle Unión número 7 fue donde, por primera vez, comenzaron a alternar con la música de piano diferentes piezas de canto. Los cafés de la Rambla de Santa Mónica, algunos de la Plaza Palau, los de la calle Hospital y otros de más modesta apariencia, también imitaron esta modesta innovación. De esta forma se empezaron a escuchar en muchos de estos establecimientos canciones andaluzas, tonadillas y hasta fragmentos de ópera." *

 

Esta afición fue cultivando el gusto del público, que poco a poco se autoproclamó demandante de un negocio en alza. El espectáculo en Barcelona prosperaba a la sombra de los ecos que llegaban de Francia a golpe improvisado y de talentos nacionales. Toda una fauna que se concentraba y prosperaba como podía alrededor del espectáculo de los cafés cantantes de la Ciudad Condal, y que englobaba a su vez todo vicio habido y por haber. No eran para la administración pública otra cosa que locales de mala muerte, depravados e inmorales, templos del vicio demacrados por el libertinaje y la enfermedad venerea. Lugares prohibidos a los que había que echar el cierre.

 

Los cafés cantantes se enfrentaron desde su comienzo a las políticas públicas y las campañas de concienciación. Una ciudad próspera como Barcelona no podía permitir que la moral de sus ciudadanos se viera sacudida por los espectáculos pornográficos de la noche. Pero lo cierto es que, incluso después de las campañas y las leyes de la administración, los cafés cantantes continuaron proliferando sin tregua.

 

 Café Cantante Edén Concert

 

Algunos cafés que por entonces gozaban de reconocimiento fueron el Café de la Alegría , Nou de la Rambla número 1, El Barcelonés, calle Unió número 7, el Café Sevillano, calle Jinjol número 3, el Palacio del Cristal, donde debutaba el 11 de mayo de 1988 La Bella Otero; La Gran peña, en Sant Pau número 28, o Palas des Fleurs, escudillers número 6.

 

Pero no todo el público apreciaba estos lugares. En palabras del Concejal del Ayuntamiento de Barelona, Guillermo López, en 1901: "La despoblación por falta de matrimonios, por aumento de los tuberculosos, cancerosos, sifílicos y alcohólicos, tenía su primordial fuente en esos cafés cantantes, vergüenza y ludibrio de las ciudades modernas".*


Si bien es cierto que con el tiempo el submundo de los cafés cantantes se tradujo en el del cabaret, algo más refinado, no está de más conceder a las palabras del señor concejal parte de razón. Las noches de los cafés concierto eran extremadamente ofensivas para la moral de entonces, pronunciadamenten modernas en el aspecto sexual y un pozo sin fondo para el mundo del vicio. La prostitución, el juego y el alcohol eran los protagonistas junto a las estrellas del espectáculo, el tendero o el concejal más ilustre. En los cafés cantantes lo más querido era el dinero. Entramos en un café cantante:

 

"Cruzamos la puerta y entramos en el café. El ambiente rebosa de grosera alegría entre las palmas y gritos que despierta la bailaora. Su baile y movimientos sensuales, el destape, el descaro y atrevimiento roban la atención del palco, donde los asistentes pierden la concentración en su partida de juego. La suerte y el azar tiene quien los dirija. La artista deleita con su cuerpo prácticamente desnudo las fantasías del público mientras los cupiers desvalijan su dinero.

 

Entre las mesas del salón encontramos personajes de todo tipo. Viejos disfrazados descaradamente de jóvenes, escritores sin un cuarto y dignos comerciantes que disfrutan de la atención de jóvenes de la noche. La miseria y el vicio se dan la mano todos los días en el café de la esquina de del Arc del Teatre, donde uno consigue degustar aunque sea un instante el sabor del  pecado. ¡Que siga la música!

 

A Wamba

 

Foto del Edén Concert 

 

El Edén Concert

 

Situado en el número 12 de la calle Nou de la Rambla, se le considera el máximo representante de los cafés cantantes de Barcelona. Otro templo del vicio y casa de la perdición que si en algo se diferenciaba del resto era en su elegante disposición al lujo.

 

Se inauguró en diciembre del año 1886 y adquirió un notable prestigio y reconocimiento durante las décadas de 1910 y 1920. Pasaron por la dirección diferentes empresarios y hasta la fecha actual mantiene su nomenclatura, Edén, aunque ahora esté lejos de ser aquel Music Hall donde las estrellas y aspirantes a estrellas quería trabajar.

 

Tenía como principal actividad la del espectáculo, pero el juego y cualquier otro tipo de corrupción del cuerpo tenían cabida para quien precisara. Un lugar pintoresco y extraordinario donde conciliar a todo tipo de sujetos y donde presenciar sorprendentes escenas no necesariamente relacionadas con el espectáculo, y que pronto pasó a convertirse en el café más preciado por galanes y estrellas barcelonesas. Lo que ocurría en Edén Concert siempre sucedía bajo la ficticia sensación de formar parte de un película. 

 

Acróbatas, músicos, saltimbanquis, cantantes, bailaores, bailaoras, cupletistas, cómicos, pantomimas. Cualquier manifestación excéntrica tenía cabida en Edén Concert. El mundo del espectáculo tenía donde expresar sus dotes en la Ciudad Condal.

 

Disfrutó de una vida longeva y siempre supo como mantener su reputación de local de estilo y renovación. Los incesantes debuts, los cambios de decoración, la innovación de los espectáculos lo convirtieron en el local a seguir para quienes aspiraban encumbrar el éxito del Edén Concert. 

 

La fama y estrellato sucumbían a los deseos de las estrellas. Los camerinos y las noches de actuación veían cómo entre ellas se fraguaban luchas, batallas artísticas de celos y egos descontrolados. Allí actuaban las mejores, pero en ocasiones no era suficiente con eso. La envidia y la codicia sucumbieron al Edén Concert en dos ocasiones y el espectáculo se manchó de sangre, de asesinato.

 

 Artistas de Edén Concert

 

 

La escena del crimen, el barrio chino

 

Asesinan a una estrella

 

"El 28 de febrero de 1906, a eso de las diez de la noche, Teresa Conesa se hallaba conversando con un individuo en uno de los palcos principales. Este sujeto, del que sólo se supo que se llamaba Emilio M., conocía a ambas rivales, pero sus preferencias se decantaban hacia Teresa. Tanto Teresa como la Zarina se disputaban los favores de tal caballero.

 

Poco tiempo después, la Zarina y su madre llegaron al Edén. Nada más ver en el referido palco a Emilio y a Teresa en actitud efectuosa, la Zarina se encaminó hacia ellos, tras acercarse, dijo a Emilio que quería hablar con él. La reacción de la Conesa fue fulminante: protestó airadamente la interrupción dirigiéndole insultos de toda clase a grito pelao. Intervino Maria Conesa y la cosa ya degeneró en un baile de empujones y bofetadas. El alboroto fue fenomenal. Rápidamente subió en ayuda de la Zarina su madre., Modesta Muñoz, y empezaron a volar objetos, se volcaron mesas, se rompió vajilla...

 

Cuando mayor era la confusión apareció en escena un joven armado con una navaja, que abriéndose paso logró presentarse en el lugar de la reyerta. Se trataba de Benedicto Gonzáles Muñoz, hermano de la cupleista. Tal era la cólera de González que, desembarazándose de los brazos que le querían sujetar, se lanzó sobre Teresa y la apuñaló. Sintiéndose esta herida, intentó huir. Benedicto González la persiguió despiadadamente y le asestó hasta cinco cuchilladas. Teresa caía al suelo bañada en sangre". *

 

"En Barcelona la policía no sirve para nada"

"En Barcelona la policía es un mito"

 

Asesinan a un Pinxo

 

El robo estaba a la orden del día y del mismo modo el vandalismo, el papel de la policía puesto en duda y los ajustes de cuentas protagonizaban las portadas de la prensa. El pinxo, si bien no formaba parte de los carteles que anunciaban los shows de los cafés cantantes, era toda una institución de la noche de los bajos fondos del barrio chino. Un personaje discordante, repujnado e idolatrado al mismo tiempo. Era la traducción autóctona del apache parisino, el chulo del barrio, el bandido, el criminal, el malhechor propiamente catalán.

 

Comenta un pinxo:


"Nuestra carrera no es tan fácil como la gente se cree, tiene muchos contras, sobre todo cuando un hombre quiere serlo de verdad. La Justicia nos condena, pero aquellos mismos hombres que hacen de fiscales te reconocen que eres un hombre de honor, pero ellos han de sucumbir a los que marcan las leyes" *


Entre sus trabajos destacaba el de procurar una velada tranquila en locales de juego. Y el máximo logro de estos era llegar a ser guapo de café concierto, con lo que tocaba techo, pero comenzaba la lucha por conservar el estatus, un trabajo que en la mayoría de las ocasiones se cobraba la vida:


"El asunto era simple. Cuando se pretendía cobrar el barato de alguna de aquellas casa (expresión que equivalía a ejercer de funciones de pinxo), el interesado lo hacía constar al detentado de la plaza. Si éste era un valiente de veras, le contestaba adecuadamente. Entonces el duelo estaba asegurado. Se determinaban el lugar, la hora y los padrinos. La pelea tenía que ser a cuchillo, la herramienta más utilizada en esas singulares ocasiones. Un lavadero, casi todo el año sin agua, situado en una zona llamada la Cadena, justo al principio de la antigua carretera que iba al castillo de Montjuït, era el palenque donde los pinxos solventaban sus desavenencias. Uno de los rivales debía quedar sobre los cenagosos ladrillos del lavadero." *

 

 Apaches catalanes


Eran más o menos las 11:30 de la noche en el Edén Café, 1904.  El Aragonés y yo volvíamos a casa tras una noche de alcohol en exceso y nada podía hacerle comprender a éste el peligro que le acechaba. Dos guapos, pinxos, aprovecharon la situación desfavorecida para darle alcance. Eran el Nelo y el Vicentet. Cegado, intentó escapar corriendo calle abajo dirección Aroles donde le dieron caza. No tuvo tiempo ni ocasión de defenderse. Desarmado contempló cómo su enemigo asestaba sin piedad continuas puñaladas en su cuerpo. Estaba perdido. La sangre brotaba por su cuerpo y sólo la adrenalina de la muerte le permitía mantenerse en pie y caminar. Vio una puerta abierta, un local con luz, quizá su último rayo de esperanza, La Mallorquina, pero su fatídico destino estaba escrito. Una vez dentro su asesino le disparó dos veces para luego enloquecer a puñaladas a los gritos de su compañero, ¡mátale!¡mátale¡

 

El Aragones no volvería a fanfarronear por las calles del raval. Una vida menos, un pinxo menos, y sin poner remedio, el espectáculo tenía que estar a punto al día siguiente. Los ojos de los testigos reafirmaban el silencio de la calle.

 

 A Wamba

 

Los cafés de camareras

 

Los cafés de camareras abarrotaban las calles del raval antes y durante la Primera Guerra Mundial. La bohemia y la juventud gustaba de pasar por allí su tiempo libre y aunque en la práctica parecía que estos locales cumplían la reglamentación, se caracterizaban por no consumar prácticamente ninguno de ellos la legalidad. 

 

También albergaba a obreros que buscaban un poco de diversión y sensualidad. El baile erótico era el reclamo principal. Bailar agarraos es lo que se buscaba en los cafés de camareras. "El baile predilecto, por lo sensual, es el débil, que viene a ser el agarrar madrileño. La mujer abre sus piernas, y el hombre coloca su rodilla diestra entre ellas, tocando las partes genitales, fuertemente enlazados y al compás de la orquesta". *

 

De los más representativos fueron La Hechicera, situado en la calle Nou de la Rambla 40, El cual de la calle San Pau 113 y La Suerte Loca, calle Estell número 2.

 

En general los cafés de camareras no tenía buena fama. Eran truculentos y de mala reputación. Las enfermedades venéreas y la sobredosis de malas costumbres los convertían en verdaderos burdeles camuflados que, una vez caída la noche, se transformaban en parajes clandestinos donde darse cualquier tipo de licencia. Lo que ocurría allí no se veía en otros lugares. Refugio del hampa y de prostitutas, allí se cobijaba todo tipo de gente de mal vivir, incluyendo obreros de todo tipo. Laberintos, pasadizos subterráneos y sótanos camuflados hacían de ellos una leyenda.

 

"Han asesinado a Pepe el de la Criolla" 

"La policía en Barcelona es un mito"

 

La Barcelona neutral

 

En 1914 estalla la Primera guerra Mundial y España se declara neutral, una decisión que repercutió directamente en lo que para ella supuso su evolución capitalista. En Barcelona se puso en marcha todo el mecanismo industrial que requería la demanda de un continente en guerra. Esto produjo un salto económico hacia la modernidad, y la peseta, así como las arcas del Banco de España, se beneficiaron del crecimiento económico que abordaba al país. Pero el salto económico no benefició a todos por igual y las relaciones sociales se alteraron de grado una vez la contienda terminó. La productividad industrial y los negocios habían prosperado durante los años del conflicto, pero al mismo tiempo el precio de la vida se había encarecido, y si bien los nuevos ricos podían disfrutar de esta nueva etapa, los obreros veían como, si bien no les faltaba trabajo, la vida se les hacía imposible.

 

El movimiento obrero se organizó y comenzaron las huelgas y las demandas por los derechos laborales. La Belle Époque tenía dos caras, y una vez más, al igual que ocurría a principios de siglo, la juerga, el espectáculo y el vicio se multiplicaban mientras las condiciones de vida de una inmensa mayoría continuaban siendo misérrimas.

 

 

"Barcelona se convirtió en el centro donde acudían gentes de todas las latitudes, emigrantes voluntarios y forzosos, aventureros y contrabandistas, traficantes y espías; en ella se encubarían toda clase de negocios, se ofrecería el amor mercenario en cantidades industriales, el proxenetismo podría desarrollarse sin necesidad de formular un plan y el alcohol y las drogas hallarían campo abierto para su expansión. Aparecería el contrabando de whisky, desalojando de las mesas de los locales nocturnos a otras bebidas más inocentes; irrumpió escandalosamente el champán francés, el Pomery y el de la Viuda Cliquot primordialmente, al precio de 30 pesetas la botella. Cualquier audaz sin preparación, sin escrúpulos, sin responsabilidad, embolsaba dinero abundante que después podía dilapidar alegremente en las mesas de juego o en las salas de 
vicio"*

 

La proliferación del vicio se disparó. Se bailaba a todas horas, la modernidad caminaba por las calles de Barcelona y los luminosos despedían más furor que nunca. Nuevas bebidas, nuevos espectáculos invadía la ciudad, que veía cómo llegaban personalidades de todos los lugares de Europa. Repatriados de la guerra entre quienes rápidamente se hacían ver por el barrio chino videntes, prostitutas extranjeras, apaches, estrellas del espectáculo o aventureros. Una vez más, la fauna del barrio chino daba la bienvenida a una nueva ola del hampa, esta vez entre el entusiasmo de la fiebre del lucro y un nuevo aire de modernidad. Prosperaron los locales de ocio y servicios de todo tipo, y un nuevo protagonista pisó la ciudad, el espionaje. El barrio chino de Barcelona dejaba atrás su fauna provinciana y daba la bienvenida al mundo extranjero en medio de revueltas y huelgas obreras. Los bajos fondos de Barcelona continuaban siendo un barrio prohibido.

 

 

A Wamba

 

*Citas de A las puertas del barrio chino

 

 

 

 

 

 


 

 

 

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