EL DÍA QUE LA MUJER ACABÓ CON LOS APACHES

LOS APACHES DE PARÍS

LA CHUSMA, LA PESTE, LA PLAGA QUE SEDUJO A LA ALTA SOCIEDAD

 

 

 

 

El cambio de siglo acompañaba de la mano a París hacia la modernización. Pero 1900 era a la vez testigo de dos mundos, el del desarrollo industrial y económico, y el del desarrollo de una de las hordas de delincuencia más significativas de la historia latente. Mientras la ciudad se transformaba impulsada por el chupinazo de Los Juegos Olímpicos y La Exposición Universal, sus calles, sus callejones estrechos y oscuros, presenciaban una de las historia más sorprendentes y crueles conocidas hasta entonces, la de Los Apaches.

 

Holgazanes de ciudad, maleantes, delincuentes, criminales, fuera de la ley, sucios granujas, macarras, pícaros bribones... acamparon a sus anchas los bajos fondos de París deambulando por el centro de la ciudad sin otra finalidad que ellos mismos y su supervivencia. Los apaches, el apachismo, que disfrutó de un momento de verdadero esplendor, se escondía bajo la sombra de una nueva sociedad progresista, oculto y sigiloso a la espera de su siguiente víctima, de su botín del día. Curtidos en el "arte" del asalto cara a cara, con un propio código ético de acción y un ingenio fuera de lo normal para hacer daño, sucumbieron a la por entonces acomodada sociedad francesa apoderándose de la calle hasta el estallido de la guerra, y organizados en el desorden urbano forjaron un mito durante la maquillada Belle Epoque, cuando París creció entre dos universos paralelos, el de los bajos fondos y el de la burguesía acomodada, universos que sólo entraban en contacto a través de los asaltos en plena calle y los bailes nocturnos de salón. Lo que no podían imaginar era que su final fueran a protagonizarlo las mujeres.

 

Suena la música en el cabaret, y un apache saca del brazo de forma violenta a su chica a la pista de baile. El público, en silencio y expectante, mantiene fija la atención entre miedo y asombro. La chica vuela literalmente por los aires alrededor del apache en medio de una danza altamente sofisticada y salvaje. Los ricos por fin tienen su dosis de peligro, no importa lo que cueste el espectáculo. Es emocionante, no civilizado, de pasiones bajas y cruel. Todo lo que no pueden ser ellos. Vuelan sillas y mesas alrededor de los "actores", se zarandean con fuerza y bruscamente. Las emociones se multiplican cada vez que los brazos de él menean sin remordimiento el cuerpo de ella. La canción está a punto de terminar y la chica, aupada por los brazos de su apache se eleva a unos dos metros del suelo. Entre el público un destello. El reflejo de una navaja sorprende la danza, y antes de poder reaccionar se produce la tragedia. El crimen está hecho, un apache ha muerto. Ha sido una gran noche. Otra gran noche en Montmartre.

 

 

"Los Apaches, de edades comprendidas de entre los diez y veinte años, normalmente se agrupaban en pandillas. Utilizaban una jerga callejera propia difícil de descifrar para el resto de ciudadanos ajenos, el jare. Vestían con chaquetas de satén negras, camisas de colores extravagantes, blusas azules, chalecos, camisetas rayadas de marineros, cinturones de franela roja, fulares de colores (con el que se reconocía a la banda a la que pertenecía), gorras planas y sus inconfundibles pantalones de fieltro apretados en las rodillas conocidos popularmente como bénard, en honor al sastre que los confeccionó, Auguste Bérnard... En aquella época también eran conocidos como los pantalones dolor de barriga, debido a sus enormes bolsillos delanteros, que eran empleados por los jovenzuelos para ocultar armas y los objetos que sustraían a las víctimas de los hurtos que cometían. Los apaches completaban su vestuario con un par de botas lustradas de color amarillo con botones de oro. Otro de los elemento que los definía eran los tatuajes, que por aquel entonces solo lucían los marineros y aquellos que frecuentaban los bajos fondos." *

 

Participaban en peleas y batallas callejeras a plena luz del día. Exhibían sus armas sin miedo a la policía o a la opinión pública, quienes en cierto modo configuraban el único nexo de camaradería entre ellos. Si bien estaban unidos frente a la policía y en cierto modo frente a una sociedad burguesa altamente escrupulosa con las clases bajas, es cierto que los asesinatos entre ellos mismo se sucedían casi a diario con una cotidianidad de espanto.

 

Los Apache proliferaron durante un periodo de tiempo donde París carecía a propósito de un sistema policial severo, donde los castigos a delincuentes eran extremadamente blandos como para disuadir el robo a mano armada y persuadir la delincuencia a cambio de un trabajo fijo. Sin duda era más estimulante y  remunerada la calle. En un principio habitaron las zonas periféricas de París hasta que al poco tiempo se asentaron en los barrios del centro de la vieja ciudad. Saint Martin, Montmartre, el bulevar Sebastopol o la plaza de Bastilla fueron lugares frecuentados de manera diaria, áreas donde los apaches paseaban mientras premeditaban sus delitos. Al estilo del salvaje oeste, estos pistoleros de "poca monta" vivían de su ingenio en la calle y fuera de la ley, practicaban su propia lucha callejera y desafíaban a la policía con desprecio. El Apache es un personaje de su tiempo, en cierto modo anacrónico en la Europa actual, por lo menos desde su figura de época; pero lo cierto es que prosperó y sucumbió a la cultura popular francesa alimentado por la prensa hasta llegar a la gran pantalla y constituir un modelo de subcultura que atraía con expectación el interés de los diferentes estratos sociales. 

 

Organizados en ocasiones mediante bandas formularon un código de actuación reglamentado con la finalidad de mantener y defender su ley en la calle. Reglamento secreto Apache*:

 

1. Todo asociado se impone como obligación guardar el más absoluto secreto sobre las operaciones y trabajos que se practiquen.

 

2. Desde el momento que pertenece a la corporación, a todo individuo que descubra un secreto incluso a su misma mujer o querida, o que se suponga lo ha hecho, se le impondrá una multa de quinientos a dos mil francos. Esta cantidad le será descontada de una sola operación. En caso de traición será condenado a muerte. El encargado de cumplir la sentencia lo será por sorteo, teniendo el agraciado derecho a todos los bienes del ejecutado.

 

3. Se prohíbe terminantemente dejarse prender por tonterías, como son acompañar a mujeres del oficio, ir siempre al mismo café, etc.

 

4. Queda prohibido el uso de prendas y efectos robados, así como la venta de los mismos en nuestro distrito.

 

5. Cuando un individuo vaya a divertirse, solo o acompañado, no tomará ningún coche en nuestro barrio.

 

6. Para abandonar la asociación o ser baja en la misma, tiene que entregar el socio con anterioridad la suma de dos mil francos.

 

7. Nuestro modo de trabajar será considerado secreto.

 

8. Las multas serán entregadas al Presidente y este las empleará en socorrer a los individuos de la asociación que se encuentre presos. La falta de cumplimiento de cualquiera de los artículos de este reglamento será castigada con una multa de quinientos a mil francos, y en caso de reincidencia, a muerte. *

 

 

EL BAILE APACHE

 

Aunque pueda parecer extraño no todo para los apaches era sumergirse en actividades violentas. También desarrollaron algo que finalmente les repercutió fama y cierto reconocimiento en la cultura popular de Francia, el baile, aunque la verdad, éste se caracterizaba también por una puesta en escena violenta a modo de tango. El baile apache era una danza que reproducía los desencuentros callejeros entre un proxeneta chulo y una prostituta, en la que habían bofetadas, zarandeos y lanzamientos acrobáticos de la compañera de baile. Toda una puesta en escena interpretada desde lo más profundo de la experiencia a medias entre arte y realidad. La función solía terminar con la caída de la chica, que fingía quedar inconsciente tras un golpe hasta que el apache cargaba con ella desapareciendo a través del público. La música de fondo era un valse conocido como Valse de Rayons, de Jacques Offeman, ya popular en París.

 

Lo más interesante y paradójico de la danza apache, independientemente de su atrevido machismo y espectaculares acrobacias, no era en sí mismo la violenta puesta escena, sino la atracción que producía entre cierto sector pudiente de clase alta que de forma anónima se acercaba a presenciar los espectáculos apaches en busca de sensaciones fuertes y pasionales.

 

 

 

CUARTO PODER, La Prensa

 

El papel de los medios de comunicación fue fundamental para que el temor a los apaches se extendiera y contagiara el imaginario colectivo de los parisinos. Envuelto en cierta dosis de sensacionalismo retro alimentó un mito que posiblemente no hubiera tenido tanta repercusión sino hubiera sido carnaza de prensa.

 

El origen del término apache, aplicado a las bandas de París, es incierto y confuso, y existen diferentes versiones que explican cómo se originó.  Lo cierto es que "originarias de barrios del nordeste de la capital gala, como Belleville, la bastilla, la Villete, Ménilmontant o Monmarte, las bandas apaches deben su nombre a la prensa de sucesos de la época." * La prensa los calificó en ocasiones como "tribu de apaches", los hizo portada a través de titulares como "Los apaches aterrorizan París", "la furia de un incidente entre dos hombres y una mujer a la ferocidad de los salvajes indios apaches en una batalla", o el que tras la aparición de un cadáver sugería: "El crimen cometido por los apaches de Belleville". Por otro lado existe la historia que narra la detención de uno de estos jóvenes a cargo de la policía, un joven de dieciocho años apodado Terror a quien durante el interrogatorio le dijeron: "os comportáis como Apaches", algo que realmente estimuló el espíritu del chico. 

 

 

 

Pero independientemente de cuál sea el verdadero origen de la definición apache, ésta no podría haber calado en el tejido social sino hubiera sido la prensa quien, inconscientemente, alimentó la figura del apache con su crítica.

 

"Lo que la prensa bautiza como apaches no es más que una parte de las clases sociales más bajas que se niegan a ser asimiladas por las estructuras del mercado o las Instituciones del Estado y que, por tanto, viven al margen de la legalidad. Es decir, los apaches ya vivían antes de que fueses denominados así por la prensa y seguirán existiendo una vez el fenómeno apache deje de captar la atención de los medios de comunicación." *

 

La idiosincrasia apache se genera en cierto modo a través de la presencia de éstos en los medios de comunicación. El apache, convertido en protagonista del imaginario colectivo a través de la prensa veía como sus acciones, de una forma u otra, aparecián en las portadas de los periódicos, alimentando la sensación de pertenencia a un grupo concreto. Éste lo asume, y cuanto más es la información que aparece en la prensa y más detallada más se forja esta actitud; desde el carácter hasta la forma de vestir y actuar los apaches toman conciencia de sí mismos y construyen una subcultura propia que estimula a los jóvenes de barrios desfavorecidos a formar parte de estas bandas, con las cuales adquirir un cierto estatus. Se genera el ecosistema perfecto entre prensa y apaches para construir una subcultura: "por un lado, los miembros de un grupo social que asumen esa identidad comienzan a adoptar y crear elementos culturales propios, y por otro lado la prensa recoge esos elementos, dotándolos de entidad y alimentando así la construcción de esa subcultura." *

 

 

LA BATALLA DE LA BASTILLA Y CASQUE D´OR

 

La batalla de la Bastilla de París de 1904 es quizá el incidente apache de mayor repercusión. La protagonizaron dos bandas apaches rivales armados con revólveres y cuchillos en la que varios murieron y muchos resultaron heridos. La batalla aun así no cesó, y cuando la policía intentó mediar en la reyerta, alarmada por los vecinos de la zona, las bandas apaches enfrentadas entre sí unieron sus fuerzas repentinamente para hacer frente a las fuerzas del orden. De ocho policías que intervinieron seis de ellos acabaron en el hospital con heridas de bala. Toda una batalla campal en el centro de París a plena luz del día. En el fondo parecía que ya nada era demasiado escandaloso o imposible. Lucir el arma en la mesa de un café, asaltar a turistas en plena mañana o frecuentar tugurios oscuros sin límite alguno se convirtieron por un tiempo en el pan de cada día de París, donde las bandas de apaches llegaron casi a doblar por cuatro en número a los agentes de la ley.

 

Casque D´or. Las Amazonas

 

Otro de los episodios más relevantes y conocidos fue la tragedia amorosa que vivieron  Amélie Hélie y su compañero Joseph Pleigneur. Si es cierto que en general toda la literatura registrada que acontece a la vida pública de la historia lo protagonizan los hombres, por lo menos hasta mediados del siglo XX, igualmente cierto es que en la sombra siempre hubieron mujeres que por deformación de la historia no figuran en ella como merecen. En el caso de los apaches las chicas no eran menos dentro de un universo descaradamente machista y masculino. Conocidas como las amazonas, las chicas apaches empuñaban cuchillos y participaban en peleas, desempeñaban papeles esenciales como mensajeras o atendía a lo que hacían bandas rivales. El caso Casque D´or es el más conocido en este sentido, o por lo menos el más "famoso".

 

 

La reina de los apaches, Amélie Hélie, prostituta desde la juventud, se enamoró de Joseph Pleigneur, un humilde trabajador que terminaría abandonando su profesión de pulidor para pasar a ser el protector de su amada. Con el tiempo terminó por liderar una banda de apaches conocida como Orteaux, con lo que adquirió el nombre de Manda, y Amélie el de Casque D´or.

 

El caso transcurrió durante una cena en la que la pareja fue a cenar junto a Dominique Leca, jefe de los Popincourt, y su compañera Germaine Panther. Por algún motivo Manda interpretó que Leca había pretendido ligar con su compañera, lo que fue motivo más que sobrado para salir del local a ajustar cuentas, lo que desembocó en una pelea entre bandas. Leca ingresó en el hospital con dos heridas de bala, y al poco tiempo de la recuperación, al salir del centro hospitalario y subir al taxi que lo llevaría a casa, se encontró de nuevo con Manda, quien todavía con ansias de venganza le propinó varios navajazos antes de salir huyendo y perderse entre la multitud. El malherido Leca acusó a su enemigo y a la vez camarada apache Manda (algo realmente extraordinario entre apaches), quien fue finalmente detenido y enjuiciado, trasladado a cumplir condena a la Guayana francesa hasta encontrar allí la muerte tras su salida de prisión.

 

 

La historia adquirió una repercusión mediática de tal magnitud que el personaje de Casque D´or sobrevoló los límites de la realidad hasta transformarse en un mito escenificado por el cine, y convertida a la vez en una especie de musa de los bajos fondos aclamada por altas esferas. Una princesa del pueblo.

 

 

Emprendió así una carrera artística profesional alejada de la calle. Cabaretera, circense, amante de diversas personalidades públicas llegó a publicar sus memorias hasta finalmente caer en el olvido, cuando tras sobrevivir al apuntalamiento de uno de los antiguos secuaces de Manda se retiró junto un obrero parisino, N. Nardim, quien sería su pareja hasta su muerte en 1933.

 

 

 

 

NO ENTIENDO CÓMO PUEDES SER APACHE *

 

"Charlo con unos cuantos. Para ganar su amistad me basta con repartir unos terrones de azúcar. En seguida vienen a lamerme las manos. 

-Tenéis la cara muy patibularia- digo por decir algo y por apagarles.

-¿Pati...¿qué?-preguntan asombrados.

- Patibularia. Ya se os ve en la cara que sois muy malos.

- Lo que se nos ve en la cara es que estamos hechos migas de estar en cuclillas. ¡Leñe! (Los apaches son muy mal hablados).

-¿Por qué no bailáis un poco, ricos?-pregunto.

Se miran con tristeza. Se ve que lo que más les molesta en su profesión es esto de tener que bailar la danza apache siempre que entra un cliente.

Pero se resignan con su suerte y comienzan a danzar al compás de un gramófono. Es una juerga verlos bailar en cuclillas. Yo me río que me troncho; pero en seguida me doy cuenta que mis carcajadas hieren sus tiernos corazoncito de apache. Amargas lágrimas asoman a sus ojos. Entonces digo para disimular:

- Todo esto está muy bien, pero yo si no veo un buen crimen no me divierto.

Quiero saciarme de apachismo. Cesa la danza y empieza la pelea. Luchan a cuchillo dos apaches de los más feroces. Son ágiles y valientes. La lucha se prolonga y ninguno cae muerto. Manifiesto mi fastidio, y a una seña del director de escena seis apaches sujetan por la espalda a uno de los contendientes, y entonces el otro le corta la cabeza por completo. Ha terminado el espectáculo. La cuenta asciende a cincuenta y dos pesetas, y dos que doy de propina porque entre los apaches no existe el diez por ciento. Treinta pesetas son para el vencedor, según me dicen; veinte para el muerto y seis para el Colegio de Huérfanos de Apaches Muertos en Funciones. En la calle respiro ansioso de aire puro. Además tengo unas agujetas que me van a durar un mes. No comprendo cómo se puede ser apache." *

 

 

Sin embargo, toda la brutalidad que caracterizó a los apaches, su inmoralidad y falta de escrúpulos, no fue suficiente cuando muchos de ellos fueron llamados a filas y reclutados para la gran guerra. La crueldad sistemática y organizada de la muerte de miles de personas a cargo del ejército paralizaba la iniciativa del apache, que comprendía que frente al horror de la guerra, sus asesinatos no impresionaban.

 

Entrada la posguerra, a su vuelta a la ciudad, quien había sido durante años el rey de la calle, el apache, ya no volvería a ser el mismo ni a gozar de su temido estatus. Ya no iba a causar más daño. En cierto modo ya no sorprendía con su idiosincrasia ni con su extrema violencia. ¿Que podía hacer ahora? ¡Bueno, todavía podía ganarse la vida actuando en salones de baile zarandeando a sus chicas y lanzándolas por los aires a través de las ventanas para luego ir a por ellas y arrastrarlas de los pelos! Desde luego, la figura del apache, si algo quedaba de ella, era su influencia en el baile y la cultura popular. ¿Por qué no probar suerte?

 

"Pero una noche el desgraciado apache entra en su cabaret después de componer en la puerta su habitual gesto terrible. En el cabaret está seguro de encontrar dos o tres grupos de viajeros ingleses o norteamericanos que van a admirarle. Entonces, entra. La orquesta toca. El apache se dirige a su compañera, la del trajecito negro y el mandilín rojo; la coge por un brazo y la hace salir a trompicones hasta el centro de la sala. De pronto, se pone pálido, sus ojos se dilatan, el puñal cae de entre sus dientes.

 

-¿Qué es eso Susana?- pregunta, atónito, cuando puede hablar.

 

Acaba de ver que su compañera tiene el pelo cortado como un hombre.

 

-Es la moda- dice la inconsciente, sin darle importancia.

 

El apache mira a su alrededor. Es verdad. Todas las mujeres llevan cortado el pelo igual. Ya no podrá asirlas por la fuerte y larga melena para hacerlas girar en el aire... Ya no podrá... La danza apache ha muerto. ¿Qué le resta a él de hacer en el mundo?

 

Y aquella misma noche, el apache se retiró silenciosamente de la vida en sociedad.

Hoy ya no es más que un recuerdo." ***

 

Firma: A Wamba Buluba 

 

 

Citas:

*    Apaches, La Felguera Editores, 2014.

**   Fuera de la ley, La Felguera Editores, 2016.

***  Los señores apaches, Joaquín Belda. Atlántida, 1928.

 

 

 

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